Diciembre dos mil veinticuatro.
Vivo este diciembre de una forma mecánica y singular. No estoy ofendido, no
estoy fuera de sitio simplemente estoy digiriendo la realidad, observando las
acciones y comprendiendo que cada uno tiene un concepto diferente de sentir y
pensar, me quedo con lo bueno de cada acontecimiento y discuto en mi interior
las malas pasadas, después salgo a caminar y regreso al análisis severo que me
hace estallar de júbilo y certeza. La gente quizá no entienda tus dolores, tus
decepciones, tus tristezas, ya que ellos prefieren mantenerse en una burbuja de
ego con unas cuantas cucharadas de falsedad, ocupan palabras que no deberían,
ejecutan de una manera placentera lo que debe suceder o lo que se debe evitar. Es
factible recurrir a la ofensa como un argumento sólido, pero la realidad es que
las personas estamos flotando en un mundo lleno de controversias, presiones y
encomiendas, muchos se escudan en la fe como una forma de enriquecer su panorama
y justificarse ante lo que no tiene remedio, otros se encuentran en una intrépida
lucha de tiempos y espacios, la escasez gana y la excusa cautiva.
Diciembre un mes de muchos sobresaltos y conclusiones. Una acción tiene el
poder de dar claridad y pone en bandeja de plata lo que viene a futuro, es una
realidad que todos nos equivocamos, pero hay que ser generosos y bondosos para identificar
las fallas, es posible que haya correcciones, pero nada será igual, los vínculos
cambian, los trayectos se transforman, las prioridades persisten y las luchas
internas se manifiestan para darnos lecciones puntuales. Hay que cerrar puertas,
hay que dar por terminado aquellos contratos, aquellas relaciones insípidas, hacer
efectiva todas las cláusulas para determinar que algo nuevo esta por llegar, bendita
realidad que nos pone al descubierto, que es tajante y que no avienta al ruedo
para enfrentarnos a los seres sin mascara que como dicen una cosa dicen otra.
Treinta y un días de efusividad y celebración, días de muchas muestras de
cariño, de presencias maravillosas y ausencias sorpresivas. Las horas pasan y
esto nos hace predecir que lo que fue, ya no será. Lamento abrir los ojos y
darme cuenta de que hay cosas que se rompen, me cuesta entender que fue lo que
paso, pero la vida sigue su curso, no hay tanto tiempo para interrogarse y la resignación
hace su trabajo con tal de que encontremos felicidad verdadera y corazones
fuertes.
No creas todo lo que escuchas y examina todo lo que recibes, porque puede
que en una de esas todo se esfume y te des cuenta de un vacío. De repente todo
se va por una rendija y debes de afrontar la verdad de manera sabia, ecuánime,
serena. No sufras cuando te des cuenta de que la vida es diferente, simplemente
saca agallas y acepta lo que emerge. Recuerda el amor no se mendiga, la atención
no se ruega, las disculpas se aceptan, pero eso no indica que todo vuelve a su
sitio, porque la realidad es que todo se debe cultivar, cuidar, procurar.
Diciembre dos mil veinticuatro, es aquí donde me dado cuenta de que la
fragilidad existe, que la inmadurez ronda, que las malas interpretaciones
resuenan, que la indiferencia arrasa, que la falta de calidez pone en peligro lo
que parecía un puente fuerte, que las relaciones humanas se apegan a lo que
creen y se reafirman por el miedo a romper moldes. En este día acepto que puedo
estar equivocado, pero también espero que los demás se den cuenta de sus
faltas, que dejen de pensar en la perfección como una salida fácil, que eviten
señalar cuando también la obscuridad los ha mordido, los ha estropeado y los ha
acongojado.
Las cosas no serán igual, pero tomemos la elección de vivir en paz y que nos
vaya bien sea cual sea el camino que escojamos.
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