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Entre tanto pesimista y mafioso.

 

El aroma del café me despierta y me entero que nuevamente es tarde para comenzar a escribir una de las tantas historias que en sueños se inventan, abro la ventana respiro aire fresco y escucho ladrar a los perros, camino hacia el pasillo que me lleva al área común y descubro que hay infinidad de pendientes en la mesa, me siento a reflexionar para saber que cosa atiendo primero y de repente recuerdo que tenía una cita  a las siete de la mañana para realizarme la biometría hemática, un descalabro más a mi desinterés por saber cómo están los triglicéridos en mi cuerpo, tendré que agendar por enésima ocasión esperando le tome importancia.

El reloj marca las nueve de la mañana con veintisiete minutos, tengo diecisiete llamadas perdidas de uno de los tantos periodistas, quizá es para preguntarme que es lo que pasara con la economía el próximo semestre o es aquel empresario que ruega porque vaya a brindar una conferencia motivacional a su escuadrón de lambiscones, estoy harto de que romanticen las cosas que son una telaraña que nos está asfixiando, todos esos seres hipócritas que me saludan y me sonríen como si fueran los jefes de una mafia, al final si lo son, porque invierten en sus consentidos, relegan a los que realmente son fuertes, esos que viven en constante paranoia, los que señalan el mal desempeño, los que no apoyan, los que quieren ganar y jamás perder, los que cuidan el reinado aunque no sea del todo suyo, de esos me encuentro todos los días, sus gestos son para quedar bien y sus argumentos son los mismos de siempre.

Estoy aburrido de la catástrofe que se vive y que muchos callan por el miedo a estropear según lo perfectamente construido, miedo a enfrentarse a los rufianes que trompican con las verdades y que perseveran dando apoyo a los equivocados, son precursores de la injusticia y la desigualdad, quien limpia sus zapatos es el que avanza, el que es directo y claro, ese no conviene tenerlo cerca, porque puede provocar un colapso en la organización y traer un debate que tendría como consecuencias la caída de lo establecido por años, quizá décadas.

Ahora entiendo porque se me hace tarde, es para no llegar a ver  los rostros desfigurados y escuchar los discursos llenos de victimización, esos que evitan cualquier crisis y motivan con absurdos ejemplos de sus posibilidades de crecimiento, pero al final llego para dar mis opiniones precisas y aconsejar de que se puede hacer ante los posibles escenarios, no tengo al verdad absoluta, pero si treinta y nueve años ejerciendo en el área de finanzas y con la certeza que solo el diez por ciento toma en cuenta los riesgos. Hay que ser realista ante los oídos que confunden la miel con la hiel, hay que abrirle los ojos a los que sueñan en arenas movedizas, hay que enseñarles a que lleven paracaídas.

No sé cuando me vaya a morir, siento como todos los días me hormiguea el cuerpo, mis piernas tiemblan y mis ojos se nublan, es la edad que me tiene en números rojos y me susurra que lo tiempos mejores están por llegar, solo es cuestión de actitud y de convenimiento, pero entre tanto pesimista y mafioso solo me queda rezar de vez en cuando y cantar en la regadera para alegrar mis tardes llenas de incertidumbres y decadencias.

Soy un testarudo que quiere que todos vean que el cambio es posible y que todo esta conectado, que no se puede vivir ignorando lo estipulado por los que alguna vez tuvieron razón y ahora hay un olor a podrido que ya no percibimos, porque ya nos acostumbramos y esa gente ambiciosa envenena a otros con poder y dinero, ahí es cuando se confirma nuestro fin y mi próxima impuntualidad ante lo imprudente.

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