Esas lagrimas que te conmueven son un motivo que te debe abrir los ojos y
valorar el momento presente. Ya te convertiste en un ser insensible con una
larga lista de reproches, si ahora te encuentras aquí esperando un abrazo y
deseando consuelo, pues nuevamente estas equivocando, porque sabes que nadie vendrá
a darte una mano y bailar sobre el papel de víctima que tanto vociferas.
Después de que no te cansaste de despotricar y sostener que la otra persona
era la mala, ahora buscas la justificación para revertir esos dichos y hacer que
todo este a tu favor y sabes que eso no será posible, porque te has puesto en
un ángulo complicado y que ahora que tienes suficiente tiempo para pensar, pues
deberías planificar el futuro inmediato.
Pero tienes una actitud retadora. Vas y te refugias donde sabes que te dan la
razón y te `harán sentir un sultán, ya sabes de que se trata todo este guion de
crisis sentimental, ya no corres peligro, conoces muy bien el camino y eres tan
certero que ocupas los argumentos mas tendenciosos para ganar y burlarte sin compasión.
Pensaría que te hace falta inteligencia, pero es lo que te sobra y lo has
demostrado por tantísimos años, simplemente no quieres ceder, sabes el derecho
y el revés de la estrategia que te tiene en un punto de reivindicación.
No sabes cuanto durará esa pretenciosa posición, por eso permites que las
cuestiones fluyan, porque buscas un error para dar espacio a la batalla final y
estás seguro de que serás el vencedor. Vas y vuelves al camino de la
vertiginosa carrera por alcanzar tus sueños, pero esas pesadas cadenas te tienen
en una constante rebelión, te hacen caer y no puedes salir de la mazmorra que
has construido con la devoción de escapar de lo que hoy te bofetea.
Maldito alcohol, el es el patrón de tus estupideces, esa es la razón por la
que lloras y te revuelcas en un colchón, necesitas estar en episodios etílicos para
evadir las responsabilidades que la vida va otorgando. Ves a otros llorar y te
remuerde la conciencia, pero aquel ente te sigue ganando, te sigue considerando
frágil, no tienes forma de confrontarlo y dejarlo de tajo. Las consecuencias te
susurran y te pasman al grado de no saber ni que día será mañana, estas devastado,
aunque te sientas comandante de tus ejércitos imaginarios.
Saliste a ver a tus colegas de vicio, interactuaste un rato, filosofaban
sobre aquellos intransigentes que no los comprenden, en menos de cinco minutos
ya estabas lastimado del rostro, maldiciendo al oponente que se encuentra en
peores condiciones que tú, vuelves a la absoluta incomprensión, a codearte con
la tristeza y a rendirte ante lo que te esta consumiendo.
Ya no distingues entre el bien y el mal, pero cuando la lucidez reina en
ti, planeas con agilidad lo que podría ser un triunfo, colocas las piezas, repasas
los movimientos, retocas las palabras, actúas frente al espejo hasta consagrarte
como el mejor impostor, sabes cuales son tus carencias y reafirmas tus
fortalezas, de alguna manera tienes que sobrevivir en este estanque de
señalamientos y rechazos.
Buscas el mejor atuendo para intentar hurgar en el mundo una nueva oportunidad
y vuelves vapuleado, dejando claro que no tienes voluntad, amor propio, que el
sentido común te abandono. Esos malditos recuerdos te someten y te llevan a recordar
la terrible traición que te llevo al hoyo, no puedes superarlo, te han ayudado
y no logras adormecer el sufrimiento, no sabes que hacer, ni que decir,
simplemente te empinas la botella de aguarrás como si fuera una caricia al alma.
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