Cierras los ojos y
te pierdes en el olor a tierra mojada. Recuerdas esos días en los que te mantenías
rígido y huraño ante los acontecimientos, no permitías que nadie te dirigiera
la palabra, estabas molesto por las actitudes de la persona que decía te amaba
y daría la vida por ti, pero comprendiste que era libre de hacer lo que quiera
y esa es una opción que también debiste de tomar, arriesgándote a explorar lo
que dejaste pendiente por falta de tiempo o por excusas sin sentido.
Ahora que elegiste
caminar por el campo y disfrutar de la sana soledad, te encuentras con la grata
sorpresa que el árbol que sembraste de niño ahora te da un gran sombra, pasaron
décadas para que regresaras al lugar donde tuviste momentos extraordinarios en compañía
de la familia y amigos. Alguna vez pensaste que este sitio quizá fue alcanzado
por la modernidad, pero esta intacto, llevas algunos días acampando, no le
avisaste a nadie, apagaste el celular y emprendiste esta aventura con tal de
reacomodar tus prioridades y saber si lo que sientes es enojo o resignación.
Ahora te ríes de las
acciones nefastas de María, ella estaba en otra sintonía, ella no quería compartir
contigo sus logros, quería viajar sola y según encontrar respuestas. Al final
te diste cuenta de que lo ella necesitaba era consuelo en otros brazos y en
otra parte de la ciudad, esas eran las razones de sus largos viajes, de su
ausencia, de sus múltiples pretextos para mantenerse alejada de lo que en algún
momento era lo máximo. Creíste por algún tiempo todos esos cuentos, hasta que
encontraste documentos comprometedores que te hicieron dudar de sus palabras. La
enfrentaste y ella negó todo, comenzaste a ocupar todos los medios para
mantenerla vigilada y seguiste descubriendo cosas que te dejaron desecho, pero ahí
permanecías con la esperanza de que algo cambiara, pero eso no ocurrió y un día
dejaste de tomar los antidepresivos y te perdiste en aquel parque, corrías sin
parar, gritabas tus promesas de amor, intentabas abrazar a las personas, hasta
que te gano el cansancio y terminaste en una cama de hospital.
Al despertar ahí estaba
María, te miraba con ternura y a la vez con un gesto de rechazo, te quedaste observándola
por horas y ella con esa quietud solo te cuestionaba y tu solo parpadeabas,
hasta que te soltó la verdad y en ese momento salió de esa habitación y no volviste
a saber de ella. Te abandono y te dejo en una crisis, confirmaste que era
despiadada y que seguir aferrándote era una calamidad, pasaste una semana
internado, tus hermanos te ayudaron y decidiste volver al que por años fue un
hogar repleto de planes.
Volviste a ver al
psiquiatra y te pidió rigurosa adherencia al tratamiento. Remataste todo lo que
había en el departamento y te compraste una cama tamaño individual, una
parrilla eléctrica, una mesa para dos, un par de platos, algunos cubiertos, un frigobar,
un sofá cama y un par de ceniceros, esa es la felicidad que ahora gozas y que
te tiene en paz.
Hace unos días
compraste un casa de campaña, un cobertor, una maleta y un pasaje para instalarte
en donde tus sueños comenzaron a crecer, no sabes cuando volverás, tienes el
dinero suficiente para sobrevivir, no hay nadie que te espere en la ciudad y
nadie se preocupa por saber de tu paradero, entonces cada vez que decides
escapar, cierras los ojos y aspiras ese olor a tierra mojada que te hace llorar
en un silencio devastador, después abres los ojos, te limpias la cara y te
quedas mirando al horizonte esperando que alguien vuelva o que algo estremecedor
pase, suena bonito, pero es desgarrador.
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