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Los lobos siguen aullando.

 

Esa sonrisa mustia que resalta en cada fotografía es la prueba fidedigna de que la vida continua a pesar de sus altibajos. Ahí en ese espacio iluminado te la pasas imaginando que seria de ti en estos tiempos, si las cosas se hubieran quedado como estaban, quizá la arrogancia te supuraría hasta por los ojos y seguirías quejándote de las barbaridades de aquellos que siguen en la misma tónica de sentirse superiores a como de lugar.

La realidad te ofrece mañanas placenteras, tiempo para retomar el paso y elegir lo que te hace sentir libre, antes eso no sucedía, vivías con ataduras y carecías de la posibilidad de alimentar lo que querías creciera. Hoy tienes esa oportunidad, la aprovechas al máximo, dejando en el olvido las presencias que valían, dejas a la deriva vínculos que te sumaban sensatez, ya no te importa lo que era el mundo, ahora te refrescas en otros sitios, esperando que el tiempo regrese y la gente te busque.

Ya nada será como antes. Te sigues esforzando por mantener esa imagen empoderada, altanera e inflexive, pero en el fondo sabes que debes rodearte de esencias inspiradoras, que refuercen tus aventuras y que no caigan en la contradicción, en ese camino quieres perderte y quieres resurgir cuando lo creas conveniente. Espero que un día la humildad te susurre y te un minuto para reflexionar, urge llegue ese momento y rectifiques, que tomes en cuenta que la frivolidad es grata hasta que el vacío te abruma.

Quieres entretenerte para no darte cuenta de que estas en un campo tóxico. Prefieres reír, decir incoherencias, no te cansas de suponer, de dejar indirectas, de magnificar esos episodios que no tienen sentido, quieres expresar y solo dejas antorchas para que el fuego haga travesuras. Quieres ver como arden los archivos de nuestras vivencias, quieres que todo se convierta en cenizas y buscar la manera de empezar de nuevo. Qué bonito es tomar un café pensando en las personas que queremos, pero que no tenemos intenciones de ver, escogemos una escapatoria y es ahí donde las fracturas son evidentes, dolorosas y permanentes y sigues creyendo que con excusas las cosas volverán al sendero de la serenidad y la cortesía.

Te mantienes en una comodidad conveniente y reafirmas que la maldad no proviene de tus entrañas, que lo que te rodea es una bondad penetrante y que es la única verdad en la que crees, que los argumentos que resuenan son una falsedad que te corretea y te acecha con tal de que aceptes todo lo que hiciste y dejaste de hacer. El humo se esparce por los pasillos donde alguna vez el chisme fue prioridad, el olor nos avisa que el fuego sigue consumiendo esos castillos repletos de mentiras y de piadosas novelas donde el amor es una descuido y un tormento.

Sonríes con tal de convencer a tus seguidores. Mientras en las calles las aglomeraciones son espantosas, las inundaciones acaban con lo que parecía una excelsa obra de arte y los gritos de auxilio se incrementan esperando a que alguien sea el leal salvador de todos tus tropiezos y pocos aciertos. Tus maldiciones tumban lo que tenía un sentido de hermandad y complicidad, terminas por exponer lo que mancha de negro y lo que es irritable. Un día quiero encontrarte para observar tus movimientos y percibir tus pensamientos, quiero sentir tus vibraciones y saber que es lo que ha dejado de existir en ti, que fue lo que te paso, cuestionarte y sostener tus teorías conspirativas para después terminar en una penumbra que enajene nuestras impresiones.

No sé qué hubiera pasado, si te hubieras quedado en esa cueva donde los lobos siguen aullando.

 

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