Frio.
Días fríos y de muchas razones
para pensar.
Me duele saber que hay
personas que tienen la dicha de tener todo, al punto de estar cómodos y sorpresivamente
siempre tiene piedras para lanzar a los demás y herir, andar diciendo hechos
que jamás ocurrieron solo por convivir y quizá quedar bien por necesidad de aceptación.
Qué interés hay de una persona por seducir a otra y envenenar su alma
inventando cuestiones que no tendrán derecho de réplica por que la otra parte
ya no existe en este plano.
Terrible es saber que lo que
se creía solido es una farsa orquestada por almas con tiempo de sobra e insatisfacciones
grotescas que se vuelven groseras e inmortales ante los que se envuelven en
todas esas palabras sin sentido y los llevan a tomar acciones que insultan su
propia raíz. La destrucción comienza por simulaciones cubiertas de halagos y en
el fondo es una hipocresía que al final caerá
sin compasión.
Este frio congela mis
tejidos, mis pensamientos y mi inspiración, padecemos de un mal sin fecha de término
e incurrimos en formar posturas que siguen profundizando heridas, por eso
debemos trabajar todos los días con nuestra mente decretando cosas buenas para
nuestro entorno. No podemos ser amantes de lo que lastima y mata, no debemos
ser seguidores de la indiferencia, no quiero ser un fragmento obscuro que
impulse a otros a revitalizar la maldad.
Este frio me pone ausente de
los lugares donde no hay una misión que seguir, donde todo es incertidumbre y
no hay una motivación, donde los líderes se han convertido en magnates de
conspiraciones guiadas por un régimen de sometimiento y dominio desigual. Lo
que parecía un paraíso ha sido violentado por unas manos que van arrancando de
tajo todo aquello que era cuidado con dedicación. Este invierno no se apiada de
los que nos encontramos ascendiendo la montaña y aspiramos con llegar a la cima, esto nos hace modificar la ruta
porque la amenaza de una avalancha es inevitable y como sea hay que cuidar la
vida.
No puedo estar sentado
viendo la vida pasar y esperar que mis manos queden vacías. No puedo estar
esperanzado que las situaciones cambien cuando esto ya ha provocado vértigo y
malestar. Sospecho que al final todos escaparan tras sus intereses y nos
daremos cuentas que todo fue una ilusión de revuelta y una intención de buena
voluntad. No podemos exigir que todos caminen a la misma dirección si cada
quien tiene su concepto de horizonte y futuro, no todos podemos seguir al que a
todo dice que sí.
El frio al que me refiero no
es aquel que sentimos cuando despertamos y nos asomamos a ver la niebla, el
frio que quiero describir es aquel que dejamos que penetre nuestro ser sin
oportunidad de reacción, el cual nos hace déspotas, crueles y despiadados. Ese frio
que quizá no se siente pero nos destroza el corazón, acaba con nuestra claridad
y nos muerde la conciencia dejando moronas de egoísmo.
Todavía tenemos la
oportunidad de provocar calor y derretir el hielo que a cubierto nuestra frágil
existencia y tomar la fuerza prudente para darnos cuenta que tan buenos somos y
que tanto podemos compartir para llegar juntos a la punta de la montaña. El
frio no se terminara de un día a otro es cuestión de constancia y de autocrítica,
el cual nos deje un reporte actualizado de nuestras acciones y de nuestras
equivocaciones. En estos días de frio hay que darnos cuenta que el sol calienta
y que es la oportunidad que estamos esperando para sensibilizarnos y recuperar
lo que en escalada hemos dejado a la
deriva porque hemos creído que yo no será útil en esta intensa travesía.
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