Ausencias y presencias.


Las ausencias en ocasiones quitan el sueño, el hambre, la tranquilidad.

De repente somos ignorantes al no apreciar la vida como una oportunidad para desarrollar nuestros sueños y ser libres sin complejos, nos aferramos a los días de gloria donde todo era gratificante para nuestro andar. La vida es efímera entonces evitemos destrozar nuestra tranquilidad, no tengamos miedo de maltratar nuestras alas y ponerlas en una jaula desconociendo de que está hecha, comprendamos que hay lugares o personas que no deben estar en nuestro guion, no desperdiciemos los momentos en incansables trombas de ideas que solo inundan la sensatez que nos puede encaminar a la felicidad.

Mis ojos parpadean porque siento como el viento choca con mi rostro y suelto una carcajada para que mi mundo se dé cuenta que sigo aquí degustando de una un té negro, mirando el periódico repleto de tragedias, inspirándome  en la terquedad de otros para seguir imaginando que no habrá más guerra, que la paz si es verdadera cuando comenzamos desde nuestro interior. Mi Pecho esta adolorido por tanto toser será que me he contaminado de tanta imprudencia y mi nariz no puede inhalar un aire tan denso, mis ojos se irritan por ver como algunos se arrastran como gusanos buscando el reconocimiento de las manos que están sucias por contar billetes y no por trabajar la tierra. Mi respiración es jadeante por la ansiedad que me provoca el llegar al mirador y contemplar como unos se sacan los sesos y los ojos con tal de quedarse con ese botín abstracto.

Era una tarde de jueves cuando el dejo de existir sin previo aviso, nadie esperaba tan doloroso suceso, nadie comprende que fue lo que paso. Su picardía se fue con el viento invernal, su creatividad se detuvo en aquellos volcanes nevados, el monumento a las bellas artes se volcó del blanco al gris en un suspiro que ahora todo mundo anhela, su juventud era un amplio mundo de amor a la vida, su temperamento era un eco de reflexión, su  sarcasmo algo habitual y su defensoría por el  atrevimiento era su grito de lucha. Hay situaciones que no se comprenden, hay hechos que deberían ser inevitables. No hay nada diminuto al menos que quieres que sea así, recordare cuando me decías que contestabas un rotundo  no sé por flojera a explicar todo.

La existencia de ciertas personas en nuestra vida nos cambian la percepción de la misma, haciéndonos más sensibles, admirando lo que no nos llamaba la atención, observando fotografías que son valiosos recuerdos, conversaciones imborrables, por todo eso tienes la obligación de agradecer al destino.

No podemos ser irresponsables con el tiempo que nos toca vivir, tenemos que ser puntuales, ser correctos, diplomáticos, dejar que la compasión penetre en nosotros, cuidar nuestra integridad, promete si vas a cumplir, no intentes quedar bien con nadie, se tajante cuando algo te incomode, se agradecido por todo lo que tienes y comparte, etc. No podemos retroceder el tiempo pero si aclarar la visión para continuar y establecer las condiciones para que la armonía trascienda.

Hay ausencias que pesan y son insustituibles. Hay presencias que debemos gozar con esa inocencia que hemos perdido, que debemos cultivar con si fuéramos inmortales. No te ausentes en vida enredándote en banalidades, despierta con el firme compromiso de hacerte presente en la vida de los que hoy están, sin dar un paso atrás.

 

 

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