Cuestion intocable.


El estar juntos me hace sentir protegido y saber que no estoy solo aunque las circunstancias me lleven a pensarlo.
La familia es un símbolo que en mi marca el vigor con el cual hoy me conduzco. Por mucho tiempo fui un nómada de emociones y sentimientos,  ya quien me pario me traía sin  rumbo fijo pero yo si sabía dónde se encontraba el amor perdurable y la ocupación a mi persona, de hecho sigo percibiendo mucho cariño del bueno.
Las cosas en algún momento se rompieron como si fuera un globo lleno de agua y todo se dispersó y se terminó la fiesta, el líquido se rego alcanzando situaciones que se quedaron endebles como si fueran hechas con papel china. Las diferencias surgen por no atrevernos a preguntar para que la claridad reine y no haya malos entendidos, no dejemos que el veneno de otros pudran nuestros frutos esos que nos han costado sembrar y cosechar.
Mi familia es una cuestión intocable, lo que permanecen en ella, los que se ocupan de mi existir, los que me preguntan qué tal me va, los que están al pendiente de mis tropiezos y mis logros. Tengo una familia extensa pero muchos se han momificado haciendo un estupendo  museo con historias gratas y recuerdos imborrables, los que permanecemos en la lucha de mantener la unión no somos perfectos, tenemos nuestros días malos y en nuestra esencia somos incondicionales hasta el final.
También he tenido la dicha de escoger a mi familia a esos seres que no siendo de sangre están ahí para hacerme la vida más inquietante y feliz, personas comprometidas con su  entorno, que te aceptan tal y como eres, que son francos y que no te sueltan por ninguna razón.
La familia es un nicho de fortaleza y reflexión, es un bálsamo para curar raspones y comprender que a pesar de tanta incertidumbre ahí siempre habrá respuestas concretas, exactas y directas. Esas manos de sabiduría me cobijan, esas palabras de aliento me impulsan y lo que no se ve nos envuelve en un bunker que nos resguarda de las tempestades que puedan ocurrir en un mundo repleto de disparates.
No nos convirtamos en fragmentos inertes que vagan por un universo  cubierto de incógnitas, no seamos esos sordos y ciegos emocionales, no corramos el riesgo de quedarnos con el tan insípido hubiera, no seamos groseros con nuestras creencia de siempre estar juntos, no reduzcamos a la familia por quedarnos mudos y girando en un solo eje. No seamos seres resentidos y confundidos, no seamos aquello que no hemos querido ser.
Hoy hay cuestiones que duelen y que sanaran con el tiempo, no me detengo a contemplar las heridas y tampoco me vuelvo amante del sufrimiento, no hay tiempo para malgastarlo en atrocidades y rencores. Mi familia me abraza con ternura y miramos al cielo porque ahí esta una esperanza que nos tiene prendidos a lo maravilloso que es vivir y estar conscientes de que hay tiempos exquisitos por disfrutar.
Gracias familia por darme las alas que necesito.

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