No somos tantos como crees. (En Memoria a IAM en su cuarto aniversario luctuoso).
Cuando alguien se marcha de este
mundo no todo está perdido, ya que esa persona es inmortal en tus pensamientos hasta
en tu vida diaria.
Ese aroma tan sutil que invita a
recordarte me hace pensar que estas tan cerca de mí y quedo estático en aquel
sitio y observo tu fotografía. Recuerdo aquel día cuando te leí la última carta
que te escribí y estoy seguro que escuchaste con la atención que siempre me
brindaste.
Han pasado cuatro años de tu
partida y pues el panorama es de mucho amor, apoyo, complicidad, pero no somos
tantos como crees, quedamos los que hemos pensado por nuestra propia cuenta, lo
que nos hemos guiado por tus valores, los que somos cumplidores a nuestra
palabra, los que vivimos en paz sin entrar en una romería sin fundamentos.
Me entusiasma saber que tu estas
bien porque lo hemos conversado y muchos me dirán loco pero es algo que cargo
desde hace mucho, seguimos en contacto, quizá hablamos de vez en cuando, no puedo presumir que todos los días porque eso sería
una falsedad aunque mi tristeza por tu ausencia es verdadera.
Te puedo contar que mi corazón noble persiste ante cualquier
circunstancia pero mi orgullo se ha vuelto enorme, mi dignidad es mi prioridad
y quizá no creo en el olvido pero inevitablemente existe la distancia. Mis lágrimas
brotan cuando algo me recuerda a ti y cuando vienen a mi mente tus frases tan
ciertas sobre todo en estos días.
Hay quien parece no nacer con estrella
simplemente nace estrellado, pero creo esto es debido a las decisiones que uno
toma, aunque pienso que todo está escrito tu puedes cambiar en cualquier
momento el destino de las cuestiones, tu muy bien me decías que como un roble permanecerías
y así fue hasta el último momento, siempre me asemejabas a las ranas me
comentabas que siempre hacia enfrente nunca para atrás, entonces concluyo que
cada quien tiene la vida que desea, cada quien vive con sus rencores que
quiere, cada quien concluye las historias a su manera y así se hace una
reverenda nube de pensamientos interminables y es cuando el respeto debe nacer
en ese campo que puede parecer de batallas inevitables pero en realidad es un
desierto con aquellos exploradores que quisieron seguir en la misión de unión y
de aventura.
He buscado por todos lados pero
ya no he probado un adobo, unas coliflores capeadas, un mole verde, verdolagas,
caldo de res, arroz con leche como tú lo hacías, ya me canse de probar, digerir
sabores que ya no encontrare en ningún lado de esta tierra, solo en mi mente
guardo ese talento culinario que tenías. Recuerdo nuestras caminatas por el
centro interminables, recorríamos Madero, Tacuba, 5 de mayo, Venustiano
Carranza, Montes de las cruces, 16 de septiembre y eran tardes en verdad que me
encantaban y no puedo dejar de recordar.
Han sido cuatro largos años en
donde todos hemos cambiado y reconozco que todos los personajes de la historia
que tú tejiste han tomado el camino que quisieron. Hoy me encuentro aquí tomando
agua, probando una rica gelatina y deseando comerme mi suculenta manzana
cumpliendo mi palabras no dejar de escribir, ser feliz y estar en armonía entre
otras tantas cosas.
No sé si he vivido intensamente,
solo sé que si volteo la mirada hacia atrás puedo sonreír con plenitud porque
estuviste tú, hoy puedo estar sereno porque estas en mi andar y no nos dejas
desamparados, nos abres los caminos. Gracias por tanto y por todo.
Algún día te volveré a ver pero todavía
no es tiempo.
Comentarios
Publicar un comentario