Anochecer funesto.


Hoy llego el martes de despertar después de tres años aquel cuento que con dolor escribí como un homenaje, se los comparto sin ataduras y con mucho amor.

 

“ANOCHECER FUNESTO”

 

El mes de marzo veía su ocaso y mis esperanzas eran persistentes a las múltiples batallas de madrugadas interminables. Ella era una guerrera ante el dolor y los infinitos malestares de su extremo padecimiento, sus ojos brillaban como hace cincuenta y dos años que la conocí en aquel pasaje céntrico e histórico y sus facciones angelicales ahí estaban plasmadas con experiencia y paciencia al tiempo.

Aquella realidad me invitaba a realizar tareas impensables porque he de reconozco que siempre estuve atenido a los cuidados de mi incansable mujer, mi deber en estos últimos meses era levantarme y estar al pendiente de los cuidados instruidos por los médicos para que la calidad de la estancia de mi Lina estuviera de la mejor manera.

Quien diría que la realidad me estaba exigiendo ser fuerte y nada blando ante los acontecimientos inesperados, mi dolor no tenía remedio ver su cuerpo debilitado y sus deseos en espera de los llamados milagros. Mis lágrimas eran interminables a la sombra de los demás y mi angustia era infinita e incalculable, no podía creer lo que estaba viendo y sintiendo.

Estaba perdiendo al amor de mi vida, parte de mi historia extraordinaria, a la madre de mis hijos y a la compañera de mis cansados pasos, las horas parecían ser el juez que dictarían la hora final pero mientras eso pasara mis pensamientos eran de un niño imaginando que todo era un juego que tenía q terminar y que tal vez ganaría.

Siempre estuve a su lado para escuchar lo que me murmuraba y descifrar lo que me trataba de decir pero a veces era inútil, mi impotencia crecía y me perturbaba hasta el punto de no querer saber de mí y entre mi silencio recuperar los días de nuestro calendario ya disperso en la lejanía convertidos en recuerdos.

Sin duda la hora marcada llego y el duelo me cubrió desplomando mi alegría característica y tristemente no la acompañe en ese viaje, me quede aquí sentado percibiendo el aroma de las casa blancas  y las rosas, me quede protagonizando el anochecer funesto de su partida, abrazándola y diciéndole a aquel ángel te hizo caso ya está descansando.

Los días han pasado y todo se ha ordenado en mi tan azotado ser y en ocasiones callo mis emociones y no me lamento tanto para no caer en la depresión y no hacer de la vida un cuento de nunca acabar.

Ahora que me siento en aquel sillón junto al lugar donde pongo las flores y la luz entra sin ningún problema haciendo una atmosfera de serenidad entre las fotografías de mi familia y los muñecos de porcelana me pongo a reflexionar y en voz baja digo: si la muerte hubiese sido perezosa no habría llegado aquella noche lúgubre y hubiera disfrutado unos días más a mi hermosa mujer pero hoy pienso que eso es egoísmo, ella estaba sufriendo,  ya no era ella y yo ya no era más que un manojo de tristezas, de alguna manera lucho de pie como un roble hasta su último suspiro y eso me debe  hacer sentir bien porque si hay vida después de esta vida me estará esperando y seré como la activa muerte jamás pensare en la estúpida pereza y disfrutare al máximo si es que tengo esa incomprobable oportunidad.

Pero mientras eso sucede tendré la impresión que la muerte es absoluta pereza porque no me lleva y yo no la encuentro… eso es lo que creo.

 

 

 

 

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