Somos agresores.
Debemos condenar todo acto
de violencia y también debemos combatir la indiferencia que nos guía a la
muerte de pensamiento y progreso.
Cuantas lágrimas en forma de
verbo han caído al suelo que se confunde
por la prisa de los pasos y los gritos que no son claros, la sangre ha manchado
el presente y nos convertimos en zombis del caos y somos fieles a la esperanza
que esta apabullada y asustada. Cuanta crueldad hay en nuestra tierra y siempre
sufrimos por la del vecino antes de remediar nuestra tristeza, siempre
priorizamos el dolor que acontece en otros aires cuando aquí puedes mirar el
tormento de la injusticia y el veneno que nos está matando poco a poco.
Somos agresores de nuestro
entorno porque creemos que todo es maravilloso a nuestro alrededor, como
ciudadanos hemos perdido la brújula y portamos el estandarte de la indiferencia
como credencial para pasar a nuestra comodidad cotidiana. Que nos importa si
hay cientos de niños de la calle, que nos preocupa si alguien padece una terrible
enfermedad, no nos tomamos un lapso para
reflexionar y profundizar en lo que esta ahí de forma permanente pero se nos
hace tan natural.
Nos ajustamos al presupuesto que todos los días nos
programamos y no rompemos los esquemas para hacer la diferencia y tener en cuenta que
podemos generar sonrisas en los demás y de algún modo hacerles ver de otra
manera el presente. Nos quejamos de lo que nos afecta pero no somos nada empáticos
con las circunstancias, nos irritamos de las injusticias pero ni siquiera
hacemos el mínimo esfuerzo para opinar, limitamos nuestras capacidades de
ayudar con excusas añejas. No dejemos
que nadie muera de hambre o sed, no propiciemos más desigualdad, erradiquemos la
pesadumbre, demos amor y otorguemos esa oportunidad de reír.
Combatamos ese estado de
superioridad, nadie es más o menos en conclusión todos somos seres humanos, definitivamente todos tienen un mundo tan
amplio de oportunidades pero para algunos son nulas hacia allá miremos y demos
un poco de lo tanto que nos da la vida, leamos un poco más para saber porque
son las revueltas sociales y después expresemos nuestro sentir, salgamos de la
comodidad e interesémonos por lo que pasa. Busquemos como poner nuestro granito
de arena y hagamos que esto se
multiplique con el afán de tener un mundo mejor.
Aplastemos la palabra
sacrificio y cambiémosla por riesgo y tomemos un millar de ellos para saber de qué
estamos hechos y que tan grandes nuestr0 concepto de servir, seamos recíprocos
con las buenas acciones, amemos nuestro país, cambiemos nuestros hábitos, no construyamos círculos viciosos, hagamos
valer nuestros sueños y no dejemos que nadie los destroce. Escuchemos nuestra
voz interna, tengamos presente la dignidad, la cortesía, la voluntad y la
sinceridad.
Comprendamos que si la vida
y tú esfuerzo te ha dado el papel de afortunado
pues tu deber es que los demás sepan de las mieles y tiendas la mano
para que nadie más se vaya al abismo y muera antes de que te toque el fondo que
para todos es una interrogante. No dejemos que nuestro corazón sea una piedra,
no permitamos que nuestro cuerpo se mueva por la inercia, evitemos que el egoísmo
nos devore. No discriminemos a nadie por su ideales y posturas, no queramos tomar el control de los cauces
buenos para llevarlos a la sintonía que a nosotros nos hace felices. Este mundo
se enriquece con infinidad de pensamientos pero todos tenemos claro donde
debemos ejercer la compasión, el altruismo, el
comprender cuando alguien la está pasando mal.
No dejemos que la indiferencia
hurte nuestra bondad y haga padecer a nuestros semejantes.
Comentarios
Publicar un comentario