Mis muertos.
Unas
flores y una veladora hacen que te recuerde en medio de esta maravillosa tradición
y quisiera abrazarte y decirte que todo marcha conforme a las actitudes que
cada quien ha tomado durante tu ausencia.
Mis
muertos me observan con detenimiento y me juzgan sin temor a equivocarse, se
vuelcan en un debate sin conclusiones, me parten el corazón con recuerdos
gratos e inigualables. Me sofoco por la invasión de esas escenas coloridas y
alegres, me estropeo más con las situaciones vividas que tuvieron cierto grado
de complicación y surgen mis lágrimas más sinceras esas que son por mis muertos
que tanto extraño y que homenajeo con vivir plenamente.
Los
que seguimos vivos nos perdemos en esta caótica realidad, quitando obstáculos que
nos pueden hacer perder el equilibrio, nos volvemos sordos a palabras necias,
no valoramos las opiniones que pueden salvarnos de descalabros porque nos
sentimos omnipotentes y creemos que como la vida es una hay que volvernos
absurdos bultos con movimientos grotescos pero realmente debemos descubrir el
potencial para cuidarnos como si fuéramos una pieza de museo, hay que enfocarnos
para encontrar las razones de nuestro existir en este preciso momento, para
saber que estamos haciendo bien y que está mal.
No
dejemos morir al amor ese que llevamos en nuestro interior, no le llamemos amor
al que se busca haciendo peripecias y solo te lleva el placer efímero, no
confundamos sentimientos con deseos carnales, no creamos en ese amor que se
maquilla de caperucita cuando es un lobo hambriento, no hagamos añicos nuestro
tiempo cuando el amor está ahí olvidado e intacto en nuestro ser que va
envejeciendo y tomando experiencia.
Hay
vivos que están muertos en nuestro trayecto, esos que son indiferentes, que se
vuelven parte de conflictos materiales, esos que se convierten en groseras
sombras y no contestan ni el saludo,
esos que dejan que su corazón se endurezca, esos que se vuelven nubes que
nublan lo que puede parecer un día de picnic. Esos vivos que pasan de largo,
acumulando logros sin compartir, tan vivos que están que les sobra vida
tratando de compensar lo suprimido con una ignorancia magistral, caen en el
veneno de aquellas esencias que se desbordan en palabras lastimosas y que
tuercen la realidad al grado de fracturar estructuras legendarias. El legado de
nuestros muertos es todo lo abstracto que pudimos absorber y que debemos poner
en práctica durante el resto de nuestros días épicos, insólitos y francos.
No
te dejes morir por batallas sin sentido, no hieras a los guerreros que te han mantenido
en su mapa, no destruyas esperanzas, no amargues tus días con rencores que solo
consumen tu imagen bondadosa, no formes un núcleo contaminado por tus razones,
no perezcas en él hubiera, en el quiero, en el no puedo. No dejes ir la
oportunidad de cambiar la historia, en estar sereno y feliz.
Tu
que estas vivo no quiero seas parte de mis muertos ahora que tienes la dicha de
estar en este plano terrenal, no propicies, no presiones para que te ponga en
una lista donde hay nombres que nunca pensé estuvieran. Aquellos que realmente
han perdido la vida están en un lugar especial, en un lugar donde pocos han
tenido acceso, donde mi impulso toma fuerza para salir adelante sea cual sea el
panorama, mientras mis vivos fomentan mis ganas de reír, de perseguir mariposas,
de galopar en nubes de pensamientos tan firmes como el asfalto, de perdurar sin
miedos y de sentirme libre en este mar de vivencias.
Mis
muertos están aquí y saben que tan vulnerable puedo ser que distraen a la
muerte con humor negro para que siga con vida en este manicomio de verdades
palpables y luchas salvajes.
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