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Humedad.


Les comparto este cuento que tuve la dicha se publicara a finales de 2016 en una estupenda antología que se trata del amor y el odio, espero lo disfruten.


Ella se encontraba postrada en la penumbra de aquel sofá maltratado por los años, esperaba que el timbre sonara y fueran sus hijos con los brazos llenos de detalles y caras felices como cuando eran niños y el amor florecía en cada metro cuadrado.

Desde que la madre de Lila murió las bofetadas de la vida eran desgarradoras y cada momento era insípido, ella estaba consciente de los errores cometidos diecisiete años atrás, prefirió irse con un hombre que la sonsaco a los placeres mundanos y no pidió opinión a sus retoños haciéndolos padecer infiernos inimaginables, divorciándolos de sus parientes paternos, alzando muros que repercutirían en el destino de todos, convirtiéndolos en parte de una farsa que rompió aquel hermoso sentimiento.

Lila cada tarde encendía las esperanzas de una visita inesperada pero estas se apagaban cuando la luna aparecía. Mientras ella aguardaba esa ilusión modelaba en el espejo roto prendas que le había heredado su mama, esos vestidos que jamás volverían a lucir igual, aquellas blusas con recuerdos dominicales que no volverían a despertar, aquellos zapatos que ahora se perderían en un camino sinuoso.

Esas arrugas fueron madurando con el paso de la espera, esos ojos rojos eran constantes, ese rencor se fue acumulando cuando la mujer que pario dos inminentes guerreros se dio cuenta que ella estaba vestida con ropa que no le pertenecía, con esa culpa que le carcomía  las entrañas y el no querer pedir disculpas, después de abandonarlos un sin fin de ocasiones, de sentirse decepcionada por las decisiones que ellos habían tomado, de sentirse apartada de su camino que era próspero y gentil.

Lila en su juventud era la oveja descarriada, no entraba a clases y cada jueves iba a ver a los cadetes al colegio militar, su padre le proporcionaría la mejor educación pero la sorpresa fue que dejo ser adolescente para ser madre de un varón sietemesino, que padeció peripecias para seguir con vida y creció como un nómada emocional que seguramente a estas alturas escribe sus vivencias sin tapujos. Después nació una hermosa niña con ojos encantadores y orejas grandes, era la princesa que siguió el camino de Lila cuando la curiosidad de sentirse mayor le gano y la hizo abuela de otra bella flor y la mayoría está a la expectativa de que esta no se marchite en su plenitud.

Avner y Fátima son los hijos presos de la quietud, de esa mezcla de amor y odio que no se cuestionan para que la marea de sus pensamientos no los deje a la deriva. Avner el que fue visto por sus abuelos maternos como hijo es sobreviviente de verdades amargas, momentos críticos y lastres incomprensibles, un hombre que ha roto el armario para ser libre aunque él no se asume como víctima pero creo es el ganador de esta historia. Fátima envuelta en el amor ingenuo por un príncipe causante de carencias, mujer que se ha dejado vencer por el tiempo entre el amor a sus gatos y siendo la única brújula para su cría.

Así el tiempo va sentenciando el destino de estos personajes, que están llenos de impaciencia para que el reloj marque la hora pactada y se puedan ver a los ojos con esa dicha que quedó rezagada. Lila se prepara para un día más toma el neceser para maquillarse y ocultar las marcas del tiempo y las manchas que han llegado hasta su corazón mientras tanto sus vástagos se despiertan, uno para  conquistar sueños y la otra para  cuidar de la bella flor que es acechada por días nublados condenada a la posibilidad que una historia se repita dando pauta a que el odio sea como la humedad e irónicamente ahí nazca de nuevo el amor.

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