La huida interminable.
Una
estampida de animales obscenos, furiosos y hambrientos me persiguen sin
remordimiento. No son suficientes todas las maromas que hago para escapar de este sueño trepidante y dantesco donde encuentro un hombre con siete bocas
diciendo una serie de cosas que no comprendo y la oruga con cuatro manos me
palma en busca de mi razón desordenada y mi actitud perturbada por la escena grotesca.
Comienzo
a sudar sin control y sentir un frío indescriptible, mi alteración cardíaca es señal
de que mi ansiedad ha llegado al tope de mi desesperación, corro por aquel pasillo angosto donde las cabezas
de unicornio me gritan que no escape que tome las alas que están en ese armario
rojo e intente volar por aquel balcón con detalles barrocos y terminados en oro.
Mis piernas comienzan a temblar por el cansancio pues aquel pasillo es infinito
donde los relojes flotan, los focos parecen medusas y de repente una lluvia de lodo se hace
presente. Me encuentro en mi huida al elefante que bebe vodka de una botella en forma de rifle y me observa con ironía esperando que mis esfínteres pierdan
fuerza y mi miedo me aplaste pero mientras doy pequeños pasos el sueño se adueña de tan
enorme animal y siento un alivio al mismo tiempo que tropiezo con la patas de
la avestruz de quince cabezas que solo menciona monosílabos mientras un mandril
la monta esa increíble escena me hace reír con tal fuerza que la tierra retumba
y el rugido de un pequeño tigre me paraliza hasta provocarme un desmayo.
Cuando
reacciono me encuentro en un lugar con una penumbra hostil estoy rodeado de
muñecas con ojos fluorescentes y cabellos rosados que tararean una canción de
cuna que me da cierta tranquilidad intuyendo el camino para escapar al exterior
donde solo observo automóviles que van de un lado a otro, salto al vacío
provocando un chapuzón creo es cerveza o soda de cereza, trato de detectar singular
sabor pero no consigo adivinar porque el mareo me sucumbe en alucinaciones
donde veo aviones de madera, ángeles vestidos con batas amarillas, perros con
colas moradas, girasoles grises y asnos azules, pueden creer todo lo que les digo porque es una verdad rotunda.
La resaca
me ataca mientras la arena cubre mi cuerpo y las gaviotas buscan alimentos
entre mis cabellos, el sol me provoca quemaduras que me dan comezón, no sé cuántas
horas he pasado aquí después de mi borrachera involuntaria, muevo mis pies,
muevo mis brazos y susurro frases sin sentido. Mi cuerpo lastimado por el vértigo
de mi escape me tiene en un mundo ingenioso y me desmorono entre un olor dulce
que parece de jazmín y duermo sigilosamente.
Despierto
en una tina llena de tenedores y mis intentos para protagonizar una nueva huida
es inútil y comienzo a contar borregos con una habilidad irreconocible hasta
que comienza a moverse el suelo con una fuerza destructiva y cientos de agaves
se abren paso para dejarnos en libertad despues de estar secuestrado por
escenarios insólitos pero el show no ha
terminado pues miles de gusanos se comen todo lo verde que hay a su paso
mientras mi desnudez es notoria entre las mariposas que van naciendo y me van dejando
esperanza.
Un
grito miserable me deja atónito mientras la manada de cebras me visten con un
atuendo rayado y entre la verbena de polvo me abandonan con aquel hombre de la siete bocas que solo dice tic
tac tic tac en son burlón y despiadado que me hipnotiza para volver a empezar
la huida interminable con un ejército de hombres con fauces sanguinarias que me persiguen
haciendo caso omiso a mis argumentos de paz.
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