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Soledad.

Que desquiciante es que las mentiras frustren un horizonte. Hay quienes prometen, te bajan el cielo y las estrellas con tal de que pongan palomita a cada uno de sus objetivos o cumplan con las cuestiones que les exigen no importando que alguien padezca  apuros e imprevistos, no importando que el susodicho deje su hábitat y aunado a todo debe convivir con la soledad silenciosa y en ocasiones aplastante, debe de crear en medio de aquellos muebles, liberar esa sensación de extrañar, no dejar morir la esperanza de que el día de regresar llegue pronto, se esfuerza  para que la cosas salgan conforme a lo planeado independientemente de las mentiras que lo tienen sumergido en el compromiso haciendo lo suficiente para permanecer sereno.

Soledad que sabiéndola ocupar lo lleva a concretar historias fantásticas, provocando que las lágrimas broten y que la obscuridad sea una compañera eficaz para esperar un nuevo amanecer emprendiendo la búsqueda de la sobrevivencia y el acontecer de cada latido. Escucha a lo lejos el bullicio de la gente que se divierte mientras el solo espera que las verdades retoñen en el sendero que lo han traído a esta tierra de incertidumbre y de un calor amenazante.

Cuanta demagogia cabe en un ser pequeño de principios y con afán de vestirse en billetes mientras otros solo pelean lo justo,  la credibilidad muere ante la confusión de palabras que son enredaderas y ahogan toda expectativa, la suposición nace para evitar el reconocimiento de lo dicho y hecho cayendo en una batalla de conceptos que terminan en un: Yo entendí mal o quizá tú no te explicaste bien. Al final en muchos lugares solo importan los números  antes que la esencia humana. Terrible es tener pobreza en el alma y nula empatía con el prójimo.

Se necesita desenmascarar a todos aquellos tiranos que como dicen una cosa dicen otra con la aspiración de alimentar su ego enfermo de obesidad e incongruencia, se necesita abrir todos aquellos cráneos atiborrados de contenidos desechables, de escombros formados por miedo, hace falta de forma desesperada que alguien exprese lo que otros no ven. Mira cuanto sometimiento hay por la simple y sencilla razón de estar en una zona de confort y disfrutando las mieles de un  palacio construido con lambisconería.

Osado aquel que decidió irse lejos para recuperar la sintonía arriesgando su dicha y su estabilidad pero créanme que todo puede volver a su orden original con tal solo mover los dedos es cuestión de querer. No temas a las tinieblas provocadas por ogros que solo piensan en acumular monedas para armar una cama que al final será dura y no podrán descansar. Valiente es aquel que expresa con peras y manzanas lo que realmente es y no lo que debería ser. El que piensa primero en la palabra fracaso es el que inevitablemente tiene un traje para ese preciso instante y quizá no se cuestiona ni el menor detalle de sus quehaceres porque sin dudarlo piensa en la ambigua perfección.

Alguien le advirtió del probable escenario y el creyó que esta operación sería sin efectos negativos aunque todavía la inversión sigue en pie ahora estará observando minuciosamente por donde caminar para seguir explorando o pensar en regresar y escribir que fue maravilloso y enriquecedor. Ahora se pone de pie y camina unos cuantos pasos para improvisar un pequeño silogismo perturbador pero a la vez irónico que se esconde de prisa en el subconsciente de este voraz individuo que espera la próxima escena para actuar de forma cautelosa.

Cuanta mentira y cuanta verdad en un mismo espacio donde no hay buenos ni malos solo criterios adormilados.


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