La tangente y el hartazgo.
Esas
personas que toman la decisión de irse por la tangente quizá estén sufriendo
asfixia de tantos que son, no quiero imaginar todos los que están cayendo
sofocados pidiendo regresar al punto que les hizo tomar esta tenebrosa determinación,
muchos no se arrepienten y están condenados
a la falta de oxígeno. Muchos no quieren enfrentarse a la verdad hasta
les molesta que otros la cuenten, esos mentirosos que todavía alzan el pecho
vigorosamente y esperan que los saquen en hombros por su gloriosa pero cruel
manera de vivir.
El
hartazgo llega en pequeñas dosis de pulsaciones dolorosas, en sorpresivos manotazos
al escritorio donde se han negociado historias llenas de fantasía, en obscuras
noches de alcohol y tabaco también llega de forma diplomática y sutil. No
quiero saber si en este momento está naciendo el próximo rey del egoísmo cuando
este mundo esta trastornado entre cientos de síndromes y muchas hecatombes que
provocan la cultura del nulo esfuerzo y la picardía de la indiferencia hostil
que han despojado a los héroes de sus hazañas. El fastidio crece cuando todos
se pierden en sus intereses, ya no les importa quien muera de hambre mientras
ellos tengan por lo menos un pedazo de pan duro, no importa que las dictaduras
sometan y priven mientras donde vivamos se pueda sobrevivir a pesar de la corrupción
y la desigualdad, que importa si aquel protesta mientras tu tengas la vida
resuelta. Somos pequeños trozos de madera que van a la deriva en este inmenso
mar de depredadores, somos la columna vertebral del mismo que nos devora sin compasión,
somos ese incienso que deja una estela de provocación y alboroto para encontrar
mentes abiertas y dispuestas a conformar un ejército de ideas profundas y en
constante amenaza por aquellos tiranos que han hecho como quieren a sus
cercanos.
El
sendero a la tangente es amplio y con lujos exorbitantes, es una salida fácil para
evitar el compromiso y es un arpón que marca a los que tienden a consagrarse en
la exploración de este camino incierto e irónico. La tangente está poblada por
aquellos que buscan satisfacciones efímeras que no necesiten tanto esfuerzo,
por aquellos quejumbrosos que creen en la suerte pero que no comprenden su
capacidad para escapar de ese lugar que es una fosa repleta de excusas
habituales, todos sobreviven con un poco de lo que los poderosos generan y esto
se refleja en estructuras inconformes escasas de gentileza.
Los
unos a los otros se llaman pendejo como si realmente se conocieran y como si
fuera un talento irrevocable, como si fuera el distintivo absoluto de una
sociedad en crisis que se mantiene con los andamios que unos cuantos han puesto
en el lugar indicado, los puentes erosionados por las trivialidades son testigos
mudos de que algún día se acabara la esperanza, el amor, la reflexión, el
dialogo, la libertad y todo porque no reconocemos la virtud de los que día a día
mueven consciencias y ayudan con sus grandes acciones.
Cuéntame
si tú vives en la tangente o si conoces ese espacio minúsculo pero que muchos
lo consideran grande por el simple hecho de no sacudirse su afán de ser víctimas
todo el tiempo, por no saber digerir su pasado, por creer que el débil no puede
convertirse en fuerte. Ojala todos nos atasquemos del hartazgo para que un día revienten estas
entrañas, nos hagan despertar y sentir ese dolor que esta domesticado a nuestra
conveniencia y rompamos esos moldes que durante mucho tiempo nos han hecho creer
que esto es todo lo que hay.
Quítate
la soga y aviéntasela al que está en ese lado imprudente y sálvalo de una
muerte segura y ridícula.
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