El sarcasmo.
Estos gritos nacen
en una parte recóndita de mis entrañas y me obligan a reflejarlos en mi
realidad causando miedo y estropeando toda forma de comprensión, rompo esta
jaula en la que permanecí en cautiverio para reencontrarme con mis atmósferas y
recobrando la fuerza perdida, palpando el suelo hago un hallazgo extraordinario,
son mis ojos intactos y como puedo los coloco en esas oquedades y comienzo a
percibir todo aquello que deje por lo creí que sería eterno, el sarcasmo me
patea de una manera imprudente hasta provocar el vómito de todo lo que me
prometieron y por supuesto que no cumplieron.
Mis ojeras son
pronunciadas porque el insomnio era el único acompañante en las noches, el
techo era un pizarrón donde construía la estrategia para satisfacer la idea de cómo
llegar a la felicidad, después con un coraje
indescriptible borro todo con desesperación por que la burla de mi inconsciente
llega con una melodía de cierto romanticismo que no existe por ningún lado. Siento
como el aire de la habitación es denso y me quito las toneladas de cobijas que
me resguardan para descubrirme frágil y paralizado.
Intento mover los
dedos para escribir algo sobe las sabanas pero mi delirio solo me lleva a la
angustia de entrar en la encrucijada de derribar la murallas que con soberbia
levante para no escuchar ciertas voces y apartarme de un mundo solo por sentir
mariposas en el estómago, que terminaron
siendo gusanos que carcomieron una vez más mi rígido organismo. Sobrevivo a las
embestidas del tiempo y sigo sonriendo sin impedimento pues al parecer solo son
raspones, me sostengo de mi pasado y de aquellos momentos que disfrute al máximo.
De pronto los
sobresaltos aparecen y dejo aquella cama fría para discernir el cumulo de actos
que me han traído al presente, intento
ignorarlos pero son tan persistentes que les tengo que abrir la puerta para que
me revuelvan como si estuviera en una licuadora, me desprendo de una forma increíble
que no tengo la manera de describirlo, me hinco y comienzo a retomar todas mis
partes para armarme y ceder un poco a la guerra de emociones que me tienen
aterrado. Me toco el rostro y me confirmo que mis ojos siguen en el mismo lugar
donde los coloque y mis carcajadas me llevan al llanto, todo esto es como si
las olas me revolcaran y se llevaran mis equivocaciones.
Me sangra la nariz y
me limpio con lo primero que encuentro, esas hojas que parecían contener
poemas, discursos, ensayos ahora son un
lienzo rojo donde podría escapar como si fuera una alfombra mágica, me siento
cansado después de tanto forcejeo por mantener mi cordura a salvo de todas esas
falsas presencias. Mi piel manchada se torna como si fuera una hiena hambrienta
y alzo la mirada para localizar a la presa idónea pero solo hay pastizales
ardiendo, el fuego me amenaza y me fastidia, no me deja vivir, me excluye, me
convierte en un resentido.
Caigo en un profundo
sueño y aparezco en una piscina enorme donde intento buscar los bordes para
salir y secarme bajo el intenso calor, nado con desesperación pero no hallo la
salida y de repente los tiburones comienzan su danza mortal, saco esos gritos
que vienen desde mis entrañas y logro despertar para darme cuenta que soy un pájaro
que quiere volver a la jaula desconociendo por completo la virtud de escapar.
Suena la cotidiana
alarma y es momento de comenzar un día más, me levanto del sucio piso y en ese
preciso momento mis ojos se desprenden como si fueran canicas y se van rebotando
por las escaleras, dejándome desamparado, con ese sabor a sangre en mis labios,
y regreso al extravió, en una obscuridad arrogante que no quiere desprenderse
de mi terso cuerpo quizá porque desea que no sufra o pretende sea eterno como
aquello que pensé, siendo solo un sarcasmo condenatorio y abismal.
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