Entes con dos cabezas.
Hoy me siento más
atractiva que otros días, sonrió sin razón alguna frente al espejo descuidado.
Mis ojeras me informan que he tenido noches de pensamientos profundos sin poder
cerrar los ojos, las tazas de café son incontables y mis arrugas me gritan con alevosía
cuantas cosas he dejado de hacer por preocuparme por los demás.
Las gafas en vez de
disimular hacen que la gente me voltee a ver con cierta curiosidad, mis pasos
torpes pero constantes hacen que me tambalee como si estuviera en una cuerda
floja y realmente parece que si porque en este mundo donde los bigotes y barbas
gobiernan hay que enchinarse las pestañas casi de manera perfecta para
sobresalir y hacer que haya cambios significativos.
Los cretinos que ejercen
una violencia sutil, creen que somos muebles, objetos para cumplir deseos
carnales, nos tratan como si fuéramos de otra galaxia, no creen en nuestras
capacidades y sin remordimiento somos parte de su morbo asqueroso que circula
en su sangre y que irremediablemente es inconfundible. Esas miradas lascivas e
incorregibles son argumentos de falsa superioridad, son fantoches alimentados
de machismo e incorporados al reino salvaje de las ideas obsoletas.
Tantas mujeres
violentadas a gritos, a golpes, lastimadas de forma grotesca, muchas disimulan ser
felices porque sienten que no les queda de otra, porque se enfrascan en un ir y
venir de escenarios, que prefieren ser sometidas y terminan haciendo lo que por
enésima vez juraron que no permitirían.
Mujeres que están adormiladas por lo que dicen que es amor y solo son cadenas
que las privan de su libertad de acción y pensamiento. Temen en alzar la voz,
pero es necesario y la valentía debe de despertar para que haya un hecho
trascendental y se termine con la hegemonía de virilidad atrapada en obscuras
circunstancias.
Hay muchas mujeres que
dicen: “Lo que él diga”, y de ese modo le dan paso a la supremacía, cuartando
su oportunidad de opinar, de decidir y de construir un entorno mejor, dejando
todo al que se cree omnipotente solo por ser la fábrica de testosterona.
Hombres de manos de piel tersa porque no quieren levantar ni un plato en casa,
solo quieren que su voz se escuche y que su palabra sea la que valga, hombres
que en apariencia aman pero detrás del telón son unos monstruos.
Soy mujer y tengo una fortaleza
insospechada para expresar lo que siento y forjar un camino de sueños, puedo
desempeñar cualquier puesto, tengo las capacidades necesarias para dar
estupendos resultados. No soy la burla de nadie, no quiero ser el deseo
insistente de un ser con testículos, no quiero sentirme amenazada solo por
ponerme falda y ponerme un lindo labial. Quiero ser parte de los hechos, quiero
terminar con turbulencias, reconocerme como artífice de la expansión de la
igualdad.
Sigo nerviosa frente al
espejo, con la cara recién lavada e identifico que mis razones son poderosas
para salir y tener esa actitud ganadora aunque con un sinfín de bestias
queriendo arrancar mis ropas, sobajar mis intenciones de lucha, sabiendo que
todos son cómplices de esta violencia y que muchos son indiferentes porque
temen a perder el supuesto poder, entes con dos cabezas, con una no piensan y
con la otra solo ilustran su primitivo existir.
A ti hombre de lindas
intenciones, quiero verte con un vestido y con unas ostentosas zapatillas,
quiero que sientas como todos murmuran obscenidades por tu grotesca figura y
quiero que por un momento husmees que hay en ese interior revuelto donde hay
mujeres divinas que te han dado esas alas que a otras quieres cortar, solo por
el simpe hecho de llevar pantalones, que al igual que tú me puedo poner,
mientras cuidas que no se te arrugue el vestido y evitas tropezar con el
estrógeno de mi maravillosa presencia en tu vida.
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