Rib Eye.


Caminos de terracería interminables, semblantes desconcertados al ver presencias extrañas, miradas atónitas y dispersas, los rayos del sol queman al grado de sentirme angustiado, la sed es constante y mi agradecimiento es profundo.

Lugares lejanos que me invitan a la reflexión y que comparto para que abramos los ojos y hagamos un cambio digno para enaltecer nuestra existencia, compartamos nuestra humildad esa que en ocasiones se extravía por las mañas del ego extrovertido. Estamos inundados de lo que está a nuestro alcance, sin dimensionar cuanta desigualdad hay en esos puntos que no imaginamos porque todo lo obtenemos de forma inmediata y sin tantas complejidades.

Ese puente construido con el sentido común lleva a las aulas donde el aprendizaje espera y no llega a todos, las oportunidades se truncan por atender otras necesidades, todo se nubla y aquellas particularidades nos recuerdan que hay focos rojos encendidos y que se deben procurar para cambiar el destino de poblaciones enteras, donde los ricos también imperan  mientras los pobres son olvidados.

Queremos un país sin pobreza, eso es un ideal terso y magnifico pero los mal educados abundan, aquellos que no son aliados de la flexibilidad de pensamiento, esos que se burlan mientras todo lo cómodo gira a su alrededor, los que no están dispuestos a dar un poco de lo mucho que han ganado, los que no tiene tiempo para pensar en el prójimo pero se hincan para pedir por él. La indiferencia es un secuaz de la soberbia, la prisa invade a la mayoría porque viven compitiendo, esa necesidad de observar y hurgar quien tiene más y no quedarse atrás, mientras el rezago es mayúsculo  y evidente. Muchos caminan kilómetros para ir de localidad a localidad y encontrar una esperanza para salir adelante y  no claudicar aunque haya cientos de obstáculos.

Ojala el abanico de posibilidades se abriera para abarcar todas esas zonas marginadas. Muchos dirán que la gente no hace nada para salir adelante, que no quiere mover un dedo, pero realmente la problemática está en que nadie invierte tiempo para voltear y explorar, para emprender y restituir el orden en todos los ámbitos. Hay transformaciones que no llegaran porque hay nudos intransigentes y que solo obedecen a aquellos que tiene un poder inconmensurable, arrebatando oportunidades y destellos de progreso.

La cooperación para realizar un cambio esta escasa por simple comodidad, es un absurdo que nos condena a que todo trascurra sin sobresaltos y se ocupa todo lo que es idóneo para que las heridas no ardan y todo continúe en una atmósfera silenciosa, donde las voces se apaciguan al son del cansancio y al emblemático olvido pasa dejando historias temerosas, inconclusas e injustas. Esos caminos sin pavimentar son cuadros inexplicables que empañan toda promesa de equidad, pisotean el entendimiento, carcome los derechos humanos, paraliza las buenas voluntades, alimenta a los monstruos en forma de caudillos, esos que tiene la encomienda de construir pero no saben de qué forma hacerlo.

Mientras el Rib Eye se corta en aquella mesa entre botellas de vino, hay quien se cuestiona que comerá hoy y si habrá la posibilidad de tener un sorbo de agua limpia y fresca, mientras eso sucede, las injusticias crecen, las muertes aumentan, la barbarie avanza porque en las ciudades no se tiene en cuenta todos esos puntos relegados, donde la bonanza es incierta.

Las carencias crecen cuando el alma esta abandonada por la razón, por el amor, por la bondad. Si no te preocupas por esos caminos de terracería que son pergaminos llenos de historias inimaginables y que son remarcados con esos pasos de lucha y tesón pero que con el tiempo son olvidados entonces no podrás crecer pues tu corazón está atrapado en un molde y tu pensamiento contaminado por lo banal.


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