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La faramalla del ganso.


Todos aclaman al poderoso y lo idolatran con una esperanza desbordada. Los rostros se deforman al verlo y los gritos son ensordecedores. Es una faramalla orquestada por los deseos de cambio, la contradicción envuelve y acecha el camino de todos los emocionados asistentes y los inconformes se quedan con los brazos cruzados esperando la desgracia.

Desgracia que no llegara porque ya acontece en la vida de todos, no nos damos cuenta porque estamos perdidos entre esas historias incomprensibles y las noticias espeluznantes que dejan en shock a cientos. Los que están conscientes  perciben el aroma que algo no anda bien, aunque los optimistas defienden las teorías improvisadas que son inventadas en un laboratorio de ocio e incertidumbre.

Nadie tiene la razón en estos días de revueltas. Algunos creen que las conspiraciones están haciendo sus fórmulas turbias para provocar tragedias y otros solo ríen replicando esas notas con el deseo obscuro de que esto se desmorone, cuando deberían ir al origen de todo y comprender lo que pasa en este enloquecido presente. Muchos tienen miedo por lo que vaya a pasar en este país donde todos ven por sus intereses y estimulan la ignorancia con tal de salir vencedores, un país donde las oportunidades son ambiguas y las descalificaciones son enormes.

Los gobernantes no son dioses. Son seres humanos con dificultades, limitaciones e inconsistencias, como cualquier otro terrenal. No prendamos veladoras para que esto avance mejor encendamos la mesa de debate y expongamos lo que en ocasiones no se quiere oír y existe. No te encapsules en tu vida que crees perfecta porque todas tus necesidades están cubiertas, pero tus pensamientos están desnudos y sobajados porque te la vives ignorando lo que pasa en un país de memoria corta y furia contenida.

Exigimos de manera rotunda, sin procurar que esa exigencia sea con nosotros mismos y es cuando todo se torna en un hastió temeroso y rutinas insoportables que hacen que nuestro cuerpo y mente se fatigue, quedando en ruinas, que son conquistadas por las noticias de violencia y sangre, es un ciclo que se va repitiendo por no saber cómo admitir el cambio, ese que debe de empezar en nuestro hábitat y cotidianidad.

Hemos caído en el fastidio de la palabrería sin reconocer el eje que nos mantenga en una ruta, no hay claridad, no hay una forma establecida para estar tranquilos, solo nos queda esperar y vibrar en el lado positivo. La fortuna en ocasiones es para aquellos que siempre han hecho trampa, los que están acostumbrados a poner el pie a otros, para los que no se cansan de perjudicar porque no tienen sinceridad en el ser, los que son codiciosos sin escrúpulos y se excusan con cuentos de hadas.

El poderoso no se da cuenta de los disturbios porque le tapan los ojos con cosas agradables y discursos a modo, no se tienta el corazón para observar el hambre y la sed, no quiere reaccionar ante lo que es verdadero y trasciendo en la vida de tantos. El poderoso se enreda en declaraciones y pone en práctica la contradicción como un método de sobrevivencia a los pasos tambaleantes. Una sonrisa fingida se descubre y se traduce en el miedo que hay en los ojos de aquel que mira sin responder a los cuestionamientos.

La faramalla que nos está devorando es una especie de ganso, somos esos caracoles que lo alimentan y lo entusiasman a tener graznidos insólitos, ese ganso que muchos aman y otros aborrecen, pero que en realidad es lo que nos toca vivir porque por muchos años nos dejamos sobajar y ahora buscamos solución. La solución no  es quejarse, encapsularse, paralizarse, y cuando entendamos eso espero que no sea muy tarde porque es un hecho que el ganso sigue creciendo y los caracoles siguen reproduciéndose.




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