Se posa el sol en mis ojos.


Vuelvo a ver como el sol se posa en la fiesta del mar. Recuerdo todas nuestras estupideces en esta franja de arena que parece no da tregua al trajín de las historias más inverosímiles. El júbilo estalla en mi mente al saber que todo regresa al estado de certidumbre y que es posible que las olas rompan a nuestro favor y se escriban tantas anécdotas como sea posible. Al final las perspectivas se quebraran en un singular silencio que solo registrara las emociones transparentes de los personajes en cuestión.

La bulla será una melodía que no parara, que dejara al descubierto la verdadera esencia. No hay excusas para no estar aquí, no hay forma de negarse, no hay manera de sabotear esta oportunidad de volver al sitio donde se han escrito tantos episodios. Los cuerpos que dejan poco a la imaginación vagaran con la intención de broncearse, esos pies descalzos dejaran huella y  serán fieles testigos del extravió de lo que queda de inocencia, todo se quedara en las rocas que son mudas y cómplices del descaro y de lo posiblemente efímero.

El sol provocara que tome el líquido suficiente para asustar la sed. Cerrare los ojos y percibiré el aroma que solo se encuentra a la orilla del mar, pediré que se vayan todas las dolencias, todas las malas intenciones y creare una atmósfera de reposo que sea fértil para comenzar en un espacio sutil y generoso sin perder la cordura, haciendo castillos de arena inmensos que desparezcan con el agua salada para así levantarlos una y otra vez. Las pieles serán una sana distracción  y disfrutare el paisaje irónico que se propicia con cierta elegancia y sincera cautela.

La rumba que nace en mi interior relajara todo eco de desesperación. La noche traerá ciertas aventuras que serán brumosas y con un poco de olvido, las luces nos retrataran la realidad de la nula congoja que va y viene, el viento nos refrescara y nos invadirá de alegría para que la mente se  despeje de todo lo que nos inquieta. No seremos santos de la devoción de muchos por la verbena que regaremos con puntual sarcasmo. En ese momento querremos que el sol no salga para que la dosis de enjundia perdure entre la gloria que combate la pena.

Regreso a la playa para hacer una sinopsis de como los amores en turno crecen de forma insólita y terminan en la jungla de asfalto por motivos insospechados, he observado como alguien se puede asfixiar por ser un osado en las mieles de la diversión, he escapado como todo una estrella de televisión, hemos gozado el tiempo y escuchado confesiones incontables, somos un montón de emociones que solo quieren escapar con el sonido de las olas, con la brisa picara de un abril descarado y perturbado por lo más ruin de la humanidad. Quisiera detener el tiempo y terminar exhausto para no levantarme de esta comodidad excepcional, pero no, esto no es para siempre y es así como debo resignarme para algún día volver.

La solemnidad solo se encuentra dormida mientras retorno a la realidad. Después vendrá el recuento de los hechos que nos dejaran una amabilidad llena de gratitud, nos quedaremos callados porque lo que sucede en este paraíso se queda aquí, los detalles se reservaran y el sol comenzara a provocar un sudor incomodo, una sed indignante y todo arderá como si fuéramos un pastizal y así una nueva época tendrá que incitarnos a volver, dejando dudas, diferencias e imposiciones.

Observo como se posa el sol en mis ojos y comparto la postal con el mar, es un juego de la vida donde algunas veces vamos ganado y otras nos toca perder y así nos logramos reponer sin tanta insolencia e indagando lo que ahora no podemos ver ni saber.

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