Ya no puedes hacerte el tonto.


Todo se reduce a sabias palabras que en algún momento enterraste para hacerte el tonto y no respirar ese aire que te daba alas para evitar desprenderte de la esencia que te caracteriza, necedad un símbolo de actitud constante, que te hace tropezar y levantarte como si no hubiera pasado nada. Regresas al mundo que te espera, pero quizá no será fácil retomar la travesía porque se deben de aclarar situaciones para avanzar y sentir esa paz, no basta con sacudirse y salir victorioso de los escombros, no basta con decir he vuelto cuando acuestas tienes ideas inconclusas, cuando la soberbia te persigue y te bofetea como si fueras un ruin aprendiz de lo grotesco.

El sentido de lo correcto germina en la mente de cada quien como mejor le convenga, es un una elección que se toma de forma individual, es así como todos enfrentamos nuestras percepciones con eso que construimos a través de experiencia y reflexión. Hay quien vive perdiendo la misma batalla, quizá por las mismas razones, pero eso no es motivo para desvincularse de los sueños que se tienen en la vida, aunque debería ser parte de un debate a nivel personal.

De forma magistral todos debemos de aprender de lo bueno y malo que nos pasa, reconocer nuestros errores y acercarnos a lo que indudablemente se mantendrá intacto, porque ese lugar es el que nos cobijara para emprender nuevos trayectos, es ahí donde permanecen nuestras armas abstractas para recomponernos, muy a pesar de creer  que somos indestructibles creyendo en esa falacia de que todo es para siempre. El sentido de vida está en lo más sencillo, en eso que ignoramos, de aquello que nos burlamos y ofendemos sin pensar en las consecuencias. Cuánta razón tenía aquel eco que repetía con firmeza eso que no dejaba de golpearte pero que te engañabas, esquivando el dolor por sentir un embustero placer.

Ahora debes ocupar aquella vacante de inventor, distraer el tiempo que corre y aprovecharlo cada segundo para idear como tomar el paso ante todo lo que has dejado de hacer solo por el simple hecho de encapsularte y reprimir la emoción en una laguna extensa que hundió todas esas embarcaciones que contenían una ilusión esplendida pero limitada. El aburrimiento llego y es cuando nuevas estrategias se fueron trazando para no quedar tan alejado de los aleados pero ya era muy tarde cuando te diste cuenta de tan extrema decisión y ahora debes pasar por desiertos para hallar un poco de agua y alimento que nutra el alma.

Ya no puedes hacerte tonto. Ahora debes limar las asperezas que en tu interior crecieron sin darte cuenta, debes de reconocer la humildad que te hablaba entre las revueltas que surgieron, encontrar la parte más alta de tu ser y observar el panorama al que te enfrentaras, no obstruir ese dialogo interior que nazca entre sentimientos y emociones. Es momento de reconciliarte con todo aquello que omitiste por ese clamor feroz y anómalo.

Han pasado tantas cosas. Las explicaciones salen sobrando en un presente que es cambiante y que es absorbente, que nos alcanza sin pedirnos permiso, que nos envuelve en un camino donde la disyuntiva es grande, donde se debe cuidar la fina línea entre lo público y lo privado, porque hay tanto alimento para los tontos que deambulan queriendo conquistar al mundo sin saber cuáles son las herramientas básicas, solo quieren el gozo inmediato y desechable para después buscar otro objetivo incomprensible y seguir encadenando lo que debe ser libre.

Para que nos atascamos de tonterías cuando deberíamos palpar la inteligencia que nos invita en voz baja a comenzar una batalla contra esos monstruos desquiciados y perdidos en un laberinto lleno de obvias salidas pero repleto de boberías.




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