Amores benditos y malditos.


La barbarie de las palabras quiebra mis huesos, atraviesan mis órganos de tal manera que me hacen estremecer, mis quejidos nadie los escucha porque se quedan pasmados en un espacio lleno de especulaciones y sonrisas hipócritas. Así voy camino al deceso de aquella persona que tuvo una rebeldía incomprendida, arrebatos insolentes y actitudes sumisas ante ogros que solo me despojaban de mi energía, si la muerte de ese yo, fue hace muchos años, al descubrir que el amor es aquel que se construye desde el interior y que todos tienen sus conceptos sobre él, cuando supe que el amor no es suficiente para quedarse con las personas que amas y  tienes que aventurarte a ir donde realmente está el verdadero sentido y la comprensión necesaria para establecer un contacto real con la vida.

Mis amores de adolescencia, mis razones para no caer en lo más bajo, mis descalabros donde yo  mismo me refugiaba en mi silencio, donde la ausencia de mano dura no fue factor para escapar por atajos inconsistentes. Mis pasiones eran traducidas con esfuerzo físico y sudor en ese asfalto caliente donde un balón rodaba hasta el anochecer y hasta que la última alma era llamada por su vociferante madre. Esos reflejos en el cielo parecían esperanzas que se alejaban hasta que un día alguien me alzo la voz y no estuve de acuerdo y me fugue por un instinto de supervivencia.

Después de veinte años de aquel suceso que cambio mi destino, me tienes aquí escribiendo cuestiones que pueden tener fondo o ni siquiera tienen forma, aquí te estoy contando como cientos de heridas sanaron con dedicación, con acertadas decisiones, con inspiración que encontré con corazonadas. Después tuve turbulencias gracias a que el amor me confeso que era el momento para entregarme y tuve desdeños por parte de quien me decía amar, encontré peligros, oscuros episodios, relatos increíbles, inhale veneno, introduje en mi  estúpidas soluciones para relajarme y cuando volví  a despertar solo sonreí, depurando tan terrible desorden, asumiendo mi posición de hacer la diferencia con todo aquello que estaba intacto.

La desintoxicación de aquellos amores benditos y malditos, fueron como un exorcismo. No guardo rencores pero prefiero ver de lejos esos personajes que se reinventan y se vuelven a deshacer, mientras yo hago lo propio al son de las manecillas del reloj. No me tuve respeto al atarme así y dejarme llevar por la corriente que era intensa, me estaba ahogando, me estaba enfermando, pero lo importante es que pude salir hasta la orilla y saber que una contingencia te puede hacer crecer.

Amor es una infinita posibilidad de estar en paz, es un boleto para salir de los infiernos, es una especie de manto que te cubre para que comprendas que no estás solo. Todos nos vamos consumiendo con cierta cautela y es por eso que debemos de expresar lo que sentimos, respetar lo que los demás quieren, reír en los momentos apropiados y llorar cuando es tiempo. No permitamos que el amor se trasforme en apego, no dejemos que el amor se contamine por circunstancias sin fundamento, dando la mayor insignia al amor propio para que nos lleve por el sendero correcto.  

Esa barbarie que me estrujo, sigue rondando mi ser, pero ahora tengo un arsenal de razones y motivos para burlarme de ella, tengo escrito en el alma las instrucciones para no ser dañado por aquellos argumentos que me hicieron desfallecer, tengo claro cuando hay buenas intenciones y cuando solo hay intereses escurridizos.

Todas las noches muero y cuando llega el amanecer vuelvo a nacer con esas encomiendas que encuentro en sueños y enfatizo que con el amor que va surgiendo desde mis entrañas todo es posible.



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