Bajo presión.


Imagína tú mente bajo presión, de voces que te dicen, no hagas esto, no hagas aquello, eso no se hace, eso no se dice, eso no es posible, y que esto sea constantemente hasta el punto de que haya ciertas explosiones de angustia, miedo, desconfianza e inseguridad y aunado a todo este panorama gris se sumen afirmaciones que no sirven de nada como: vienen tiempos peores, sufriremos lo inesperado, parece que jamás entenderás, etc.

Los seres humanos también necesitan reconocimientos y no solo castigos. Quizá debemos aprender a la mala para saber cuál es el precio de los errores, de las malas decisiones, de nuestras acciones con arrebatos, de nuestras palabras hirientes y nuestros silencios voluntarios. Quizá lo que pensamos es el problema realmente no lo es, y debemos ir mas allá, para encontrar las respuestas y evitar estancarnos en aseveraciones drásticas, que con el tiempo pueden ser lamentables.

Aquella mente atiborrada de presión puede quedarse pasmada y no decir ni media palabra por temor a desencadenar una catástrofe y es cuando la negatividad llega para reinar lo que en su momento fue inocencia. La mente se bloquea y por instinto sigue su camino sin percatarse de los peligros y va aprendiendo por que los tropezones son muchos y los raspones se acumulan hasta dejar una marca imborrable.

Esos pensamientos obscuros son una mala compañía si se pretende tener éxito, recalcar lo malo es un símbolo de frustración y no querer mirar el lado amable es un síntoma de una ceguera enajenada de ira e intolerancia. Ese semblante devastador es el parteaguas para que muchas cosas se vayan por un torrente desconocido o tomen una forma de logros satisfactorios que rompan esa inercia maligna y golpeadora.

No pidas peras al olmo dirían los sabios. Si siembras fracaso desde el primer instante eso obtendrás, por eso hay que reflexionar nuestras palabras y nuestro actuar ante cualquier escenario, no podemos escudarnos con el siempre he sido así, no podemos ofender y después hacernos los ofendidos con tal de salir victoriosos, victimizándonos de forma absurda y hueca. Tenemos que salir de la cueva y buscar alternativas de supervivencia, tenemos que buscar la comprensión en la empatía que circula por nuestros sinuosos senderos.

Los seres humamos necesitan palabras de aliento y amor. No debemos interrumpir el avance, no queramos que de un día a otro todo sea diferente cuando en la actitud solo rondan lamentaciones y enojos inconscientes.   Hay quien es feliz sancionando lo mal hecho cuando deberían hacer un esfuerzo por corregir y corregirse porque todo tiene un fondo y una forma.  Hagamos que lo bueno se replique, cambiemos nuestras estrategias, meditemos, hagamos que las cosas se muevan para bien y no seamos altaneros con lo que pretendemos que crezca y algún día vuele.

No dejemos que ninguna mente estalle por el terror, la crisis, el estruendo de aquellos que solo están cazando las equivocaciones para hacer un festín, cuando debería existir un debate de argumentos para impulsar una atmósfera que enriquezca el alma. No alejes lo que puede ser un diamante, no estropees lo que puede ser una oportunidad de sanación, no exageres tus molestias cuando se pueden conversar.

No pienses que las cosas irán mal porque ten por seguro que así será, no atraigas tragedia. Busca soluciones concretas, evita castigar tu andar sin aparente razón, esquiva todo lo que puede dañar y trata de reflexionar. No sabotees, no grites, no humilles, no fastidies.

En ocasiones las opiniones están hechas a la medida y también debes tener temple para digerirlas y saber que la perfección es ficción y que solo puedes tener el control de lo que te corresponde.

Todos aprenden al ritmo y al son que les toquen.



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