El edén.
Hoy mi deseo es abordar un avión, irme lejos, estar en compañía
de las personas que más quiero y compartir mi paz. Hoy quiero que eso ocurra
porque nos lo merecemos, y que nos alimentemos de nuestra energía, dejando atrás
las tristezas que nos pueden susurrar, las presiones que nos quieren aplastar y
las atmósferas toxicas que con entendimiento se podrían evitar.
Quiero descansar por
unas horas del vaivén de los días que son efusivos creando otros confortables,
necesito que la arena me obligue a capturar una sinfonía de nuevas ideas,
quiero que la brisa me descubra sin complejos y los momentos sean imborrables.
Deseo que nuestros pasos nos lleven a encontrar estatuas extrañas donde podamos
posar con una sonrisa que rompa las expectativas. Necesito de un viaje donde
conversemos sin reclamos, sin que haya molestias, quejas, que la armonía no se
interrumpa por ningún motivo.
Transformemos el
deseo en realidad. Visualicemos aquel paraíso, encomendémonos a nuestras
creencias más profundas y quizá despertemos en ese lugar de descanso y placer, quizá
estemos en medio de las olas pidiendo que todo lo malo se vaya, después nos
miraremos a los ojos y sabremos que todo esto ha valido el esfuerzo, porque el
tiempo sigue su curso y no nos advierte de lo que sucederá, esa es incógnita constante.
Aquel barco que se
aleja, me mantiene con la vista fija al horizonte. Pienso que los seres humanos
tenemos la capacidad para crear el escenario que queremos, que somos
responsables de nuestro estado de ánimo y de las emociones que circulan por nuestra existencia. Nosotros
somos los que vamos construyendo el camino al destino que inevitablemente nos
espera, somos esa fuente que procura que el agua corra sin preocupación.
Cada quien tiene el
talento para arreglar sus problemas a su manera, algunos lo hacen de forma
grotesca, otros de manera prudente y muchos no saben qué hacer, es cuando deben
de recurrir a su fortaleza y ser categóricos ante el panorama. Todos somos
diferentes en este mundo, cada quien vive el dolor a su manera, todos
percibimos la felicidad dependiendo nuestros conceptos, algunos nos percatamos
de los detalles y unos están en medio del desorden, así de simple las horas
pasan dejando lecciones y señales. Por eso quiero irme de viaje para tratar de
olvidarme de toda la bruma y estar en el regazo de la gente que me ama y
acepta.
No huyas a los cambios. No seas preso de lo peor.
Cambia tu forma de ver las cosas y te sentirás ligero y comprenderás que
aquellas fragilidades pueden ser fortalezas. No te estanques siempre en las
mismas situaciones, no discutas siempre por lo mismo. Cuida tu entorno, cuida a
los seres que te cobijan sin importar lo que pase. No te enojes por cuestiones
que tú debes trabajar en tu interior. No te rindas, no te detengas y no finjas
que estas avanzando, no te engañes.
Hoy deseo estar en
paz, caminar por aquel malecón, reconocerme pequeño ante la grandeza de la naturaleza
y no dejar de creer en mí. Vivir el momento, no estropear mi buen humor,
provocar esa inercia de unión inquebrantable, ser sincero y establecer un
puente de comunicación con el universo. Al final tendré que tomar un avión para
regresar a lo habitual, pero con una emulsión renovada, gracias al amor de
todos los que hicieron posible esta aventura y traerme al lugar donde me siento
maravilloso y me da la oportunidad de amar.
El edén que me lleva
a la gloria, es un pedazo de mi bienestar. Un lugar indescriptible donde volveré
una y otra vez hasta que alcanzar el punto final. Este viaje lo llevare en el corazón
y me da la fuerza para seguir progresando y seguir emprendiendo, agradezco a la
vida por tenerlos y tener el nivel de comprensión idóneo para seguir tomados de
la mano. Mi deseo es que este episodio
fuera eterno pero sé que no será posible, porque hay otras cosas que ya nos
esperan y este trayecto debe de continuar.
Hay muchos planes
por afrontar.
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