Escombros.
No te burles de las tragedias de los demás. La
sismicidad en nuestro ser es permanente y nuestros epicentros están en todos
lados. Todo se mueve segundo a segundo, tenemos la oportunidad de enmendar y
recobrar la fuerza, que nos hace sentirnos vivos. La verdad de cada historia se
encuentra en el alma en las partes desquebrajadas y es cuando nos descubrimos
frágiles.
Todos esos escombros acumulados nos inquietan y nos ponen a trabajar
para reubicarlos, con intuición sabremos cuando desecharlos por completo.
Que tan difícil es cambiar cuando no se quiere, cuando se pretende que el
placer es una opción de escape y quizá sea una atadura que no deja que haya
avance.
Los escombros son recordatorios, son ápices de nuestras tragedias. Pon a
trabajar tus manos, quitando la mayor cantidad de piedras que puedas y
observarás que hay un giro radical a tu estado de ánimo. Quedaras cubierto de
polvo, pero con la satisfacción que estás haciendo algo por tu bienestar.
Cuestiona todo aquello que no cuadra en el pensamiento. No temas por lo
que pueda pasar, todos andan en el sendero que quieren, son felices a su
manera, ocúpate de tu existencia. Esos escombros son consecuencia de todas las experiencias,
son manifiestos de vida, son palabras que quedaron a la deriva esperando la
hora indicada para desprenderse y llegar al corazón que lo necesita.
Las tragedias se sienten hasta lo más profundo del alma. Son pruebas
contundentes, que nos dictan de forma puntual nuestra capacidad de salir
adelante, el dolor es evidente pero la actitud es sobresaliente. No vivas
enfadado por lo que estás viviendo, encuentra el lado amable y asómate al mundo
exterior.
Hay días en los que todo se mueve y es una ocasión que hay que
aprovechar para identificar la vulnerabilidad que nos envuelve, es un instante
donde debemos sensibilizarnos y acudir a esas reflexiones que dejamos a medias.
De una vez que comience la demolición de lo que está fracturado y se convierta
en un montón de escombros, habrá quien nos ayude a desalojarlos y dejarnos
limpios para comenzar de cero.
No mueras en el intento, vive en cada chance para lograr lo que
pretendes, no te detengas porque la vanidad te puede destrozar, no pierdas esa
emoción de reconocer tus ideales y perseguir tus sueños. Si empiezas a sentir
una revuelta en tu esencia, pon atención y procesa todo lo que captas con
sabiduría.
Sujétate ante el violento movimiento y después contempla el desorden que
debes de atender y que debes hacer para retirar todos los escombros que no te
dejan mirar el horizonte, la claridad y la experiencia. No te rías de las
tragedias de los demás, mientras tú caminas sobre nubes de algodón, recuerda
que las nubes no son seguras y puedes sentir en cualquier momento el
concreto.
Después de quitar una cantidad considerable de tus escombros, date una
ducha, ponte cómodo y camina por aquellos lugares que serán irreconocibles,
porque tú tienes el poder de que todo sea diferente. Las heridas sanan, los
recuerdos nos impulsan y la fragilidad se convertirá en fortaleza, en una
cualidad inexplicable que nos hará comprender que todo se mueve desde el
corazón, la mente y la actitud.
Detecta cuando algo se mueve en ti y sabrás que hacer, mientras tanto
sigue quitando escombros. No te irrites si ves una fila interminable de
piedras, no te molestes si las razones parecen polvaredas, solo espera el
siguiente sismo para poner en práctica tus protocolos y salvarte de todo
aquello que puede aplastarte.
La mente es poderosa y solo tú sabes que episodio viene a continuación.
Comentarios
Publicar un comentario