Amargado.

 

Tanto halago me resulta estresante. Que lindo que te hablen de un modo empalagoso, pero hay límites y simplemente esta manera de comunicación se corta siendo propio y de alguna manera tajante. El hablar con tanta miel no hará que las brasas ardan o que las posibilidades se multipliquen, quizá suceda todo lo contrario y el hartazgo llegue sin tener freno.  Es así en la vida y una debe tener la capacidad de comprender que sin querer hay fronteras, que hay cuestiones que no cambiarán y que permanecerán cerradas para ti, porque tus actitudes son desproporcionadas.

Hay cosas que veo y las dejo pasar de largo, no provocan en mi ninguna emoción, tengo claro que es lo que quiero, siento y pienso, es difícil cambie de parecer. Entonces cuando alguien exagera en el trato me pongo a pensar en sus pretensiones, me pongo en sus zapatos y después llego a conclusiones subjetivas que pueden ser ciertas. Es una manera de escapar o mantenerse atento al movimiento a esa masa de dulzura que deja rastros pegajosos en cada palabra o acto, al principio limpiaba esas manchas, pero es inútil, las personas se aferran a tener actitudes repugnantes.

Alguna vez alguien me decía que era un amargado, pero no es así, simplemente estábamos en sintonías distintas y eso no perjudico nada, valoro haya entendido que mi toma de decisiones para estar en serenidad era lo que yo quería, que si él prefería estar en la enajenación de la perdición pues estaba bien, porque ante todo existe respeto. Los caminos que hemos tomado nos han convertido en lo que somos ahora, cada uno tomo el sendero que mejor le convenia y una fuerte amistad persiste. No somos de los que aparecen cuando se les antoja, estamos ahí siempre, así debe ser una amistad verdadera y no solo de dichos como muchos se manejan.

La vida puede ser agria o dulce, depende de que humor te hayas levantado, en que pendientes estés pensando, que cuestiones te tienen ocupado. Lo único que sé ,es que, si dejas fluir, todo tiene un mejor semblante, evita presionar, intenta ser prudente, no quieras brillar cuando las personas necesitan del silencio, no quieras callar el ruido cuando quizá sea una forma de establecer conexión con la realidad, es decir deja que todo fluya y que cada cosa tome su lugar. Entonces apúrate a reflexionar sobre tus formas de actuar y de entablar conversaciones.

La noche ha pillado a muchos que en el día dan una cara bonita y una actitud ganadora y cuando la luna sale y los sorprende, son demonios que quieren destruir sin compasión, se transforman y ahí los descubrimos, sin sentido, sin empatía, sin corazón. De esos grotescos personajes hay que alejarnos y comprender que no tienen interés por mejorar al mundo, que se la viven en la queja, que solo se asoman cuando quieren saber lo que no les importa, así la cruda verdad y así la absoluta amargura que realmente si acompaña a los entes que solo intentan acaparar energías y no saben que harán con ellas.

Equivocadamente levantamos muros cuando deberíamos ignorar lo que no nos suma. No dejemos que la amargura disfrazada de picardía tiña lo que con esfuerzo hemos construido. Dicen que las palabras se las lleva el viento, pero estas permanecerán aquí y habrá muchos que quieran ponerse el saco cuando esto es una invención de algo que existe en algún lugar de este planeta. No le pongas tanta azúcar al postre porque en vez de provocar placer solo producirás desagrado.

Entiende que todo tiene un equilibrio, pero te encanta estar en la cuerda floja.

 

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