Sospechosos.

 

Dirás todos los improperios que tienes en mente y darás paso al instructivo de la osadía para experimentar y colapsar lo poco que queda de tolerancia. Somos sospechosos de ser inconscientes, de romper las reglas, de no creer en lo que puede suceder, de desacreditar al otro porque ha hecho fama y se ha ido a dormir. Son días para aclarar una vez más el camino lleno de yerba mala, de gestos grotescos, de sonrisas nutridas de coraje, de sorbos a medias, de hartazgo acumulado, de anuncios con un contenido alto en soberbia. No quieres hacer caso, no has aprendido nada en todo este tiempo, sigues siendo un pícaro insolente con desagradables pensamientos de superioridad.

Imagina que miles de seres pequeños nos cargan, nos introducen en una probeta y nos hacen diversos estudios, nos seccionan para determinar nuestro grado de descaro, nos examinan para certificar que somos perversos, nos amarran para que no escapemos, de alguna forma nos ven con desprecio, seres obscuros y gelatinosos, que solo esperan que quizá les supliquemos, pero nos ignoran, siguen inspeccionando cada rincón, se encuentran con sorpresas catastróficas y solo anotan en algo que parece un pergamino. Puede ser una pesadilla aplastante, pero es una realidad eminente, nos hemos deteriorado y somos especímenes en sentido estricto de análisis.

Tienes síntomas de arrepentimiento, ellos lo dudan y camina sin mostrar emociones, sigues en un cautiverio grosero, piensas en que los milagros llegaran, la fe te estremece, pero no funciona. Quieres llorar, pero te aguantas, porque sabes que eso no servirá de mucho, tu cansado cuerpo se resigna a que esos diminutos seres terminen por someterte por completo. Tus alucinaciones aumentan porque tu corazón se esta pudriendo con esas acciones imprudentes que generas y la salida fácil es pensar que estas en lo correcto cuando es todo lo contario.

Eres sospechoso de no cumplir con las normas, bueno al final todos hemos roto esa barrera, porque la ansiedad crece y las palabras de aliento no son suficientes. Nos quedamos atrapados en este contenedor de cristal, miles de ojos nos observan y nos confundimos cuando los insensatos siguen libres, invitando a salir, propiciando las aglomeraciones, porque no quieren rendirse y quedarse con los bolsillos vacíos, ya que el alma la tienen desierta desde hace meses. No hay argumentos que sostengan las inconciencias, no hay excusa que valga, cuando la ficción nos alcanzo y es el pan de cada día.

El mundo que con esfuerzo hiciste se comienza a desintegrar, es parte del experimento. Te dejan en una habitación con luces estrambóticas, con una música incomprensible, te proyectan imagines de lugares icónicos, de viajes imprevistos, de situaciones inverosímiles, te ponen en un contexto de urgencia y no hay salida, el espacio se comienza a llenar de miedo y agua, recuerdas que no sabes nadar, que tus pulmones son frágiles y esos seres solo ven sin articular su cara, no paran de anotar y después desaparecen dejándote ahí con la desesperación desmedida.

Despiertas y te encuentras en tu cama. Estas completamente sudado, no sabes que sucedió, observas como la lluvia empapa el ventanal, como los perros ladran y escuchas una explosión que te deja aterrado, de repente recuerdas a los pequeños seres y corres al espejo para saber si estas completo, la mente ha jugado contigo, quizá esos entes extraños son todas las personas que conoces y te juzgan, comienzas a sospechar de todos, así comienza nuevamente el circulo de intrigas y de conspiraciones mentales, quizá son visiones por falta de aire fresco, de interactuar con el mundo exterior, de sostener una rutina voraz y a la vez severa, ahí a tus espaldas siguen las miniaturas espiándote.

 

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