Púas.
Así de repente emprendes la huida. Se te advirtió que encontrarías miles
de púas que desgarran de un tajo lo que por días estuviste planeando, estarás frente
a frente ante el dolor, sufrirás como todos aquellos osados que han decidido no
retroceder, quizá veas sus huesos, sus pedazos con algo de lucidez, sus prendas
como señal de que por ahí pasaron.
Querrás volver, pero ya no habrá posibilidad, todo se ira
reconfigurando a cada paso que des, las expectativas cambiaran, las ilusiones serán
una esperanza repentina, esas ganas por regresar serán un vacío que se expanda
en tu pecho, veras como las palomas toman vuelo y esas intenciones se esfumaran,
los días no se detendrán y eso te traerá consecuencias puntuales. Quizá esquives
la sed, el hambre, la comprensión devaluada, no tendrás otra opción que continuar
por el camino de púas. Púas que se retorcerán en lo que intentas expresar, en
esa mirada perdida, en esa hora ingrata que estas buscando con que alimentarte,
te adaptaras hasta que tu cuerpo ya no pueda, hasta que tu respiración disminuya
y dejes de pensar en la posibilidad de percibir el aroma a gardenias.
Con las pocas fuerzas que te quedan, aprovechas para observar el
entorno que te rodea, miras que todo está seco, a lo lejos se distingue un
verdor, los escarabajos juguetean en tus pies descalzos, no sabes si moverte o
clavarte otra de las lastimeras púas, es un triunfo que hayas recorrido algunos
kilómetros acumulando dolencias, en el corazón partido sientes que falta poco
para llegar a la frontera. Piensas que en ese límite habrá esperanza, que nadie
te impedirá que te marches de una vez de este siniestro permanente, quieras
cruzar y revolcarte en todo lo que has escuchado de ese lugar donde te envuelve
la efervescencia.
Las púas siguen atravesando tu carne, tus sueños son la anestesia idónea
para que tus quejidos se ahoguen y disimules que todo estará bien, todo se
nubla, temes por ser carroña, por terminar en el olvido, en la decadencia. Te arrastras,
no gateas, ni caminas, te arrastras al ritmo de los escarabajos y tus
alucinaciones te llevan a tener largas conversaciones con esos insectos que
poco a poco van invadiendo tus restos, esas ruinas que estallaban de vida, de
inocencia, de innovación, hoy están situadas en un lugar horrendo,
escalofriante e incorrecto.
Alguien se apiada de ti, te quita todo lo que te provoca desolación,
te cura, te cuida, te guía a través de un sueño profundo, te lleva a la
frontera y espera a que despiertes para que te des cuentas que las púas siguen
y siguen, que será imposible continues tu camino, al menos de que busques
atajos, herramientas y adquieras paciencia. Las cicatrices por esas púas son
evidentes, pero quieres insistir en que del otro lado hay flores con un olor irresistible.
Aquel ser que te salvo, tiene aspecto nuboso, sin rostro, tiene grandes
extremidades, colores brillantes y una suavidad indescriptible, se despide, desaparece,
mientras tu agitas tu cabeza para entender cuál será la estrategia.
Te concentras como lo hacías en tus primeras rebeldías. Comienzas a
pensar que esas púas son indefensas enredaderas, das pasos firmes, no sientes que
nada dañe tu cuerpo, sigues con los ojos cerrados, caminas por horas y no notas
que algo te señale un alto, te sorprendes, abres los ojos y descubres que el verdor
te rodea, que hay aves cantando, flores reluciendo con los rayos de sol. Esas púas
eran tus pensamientos saboteadores, conspiradores y flageladores, eran los que
te ponían en la duda y los que te encerraban en un espanto que para ti era
cotidiano., los escarabajos siempre fueron tus aliados.
Comentarios
Publicar un comentario