Vas muriendo.
Vas muriendo sin
tomar en cuenta el desgaste. Vives de forma acelerada y no te percatas de todo
lo que has dejado roto, el rencor y el orgullo mueven tus intenciones y voluntades,
te sientes ofendido y recurres a la fe como si fuera un vaso con agua que te
quitara la sed, esa sed que es solo el resentimiento desgarrador y el
recordatorio de que no darás perdón.
La muerte nos acecha
a diario, está ahí sin hacer ruido, vaga silenciosa y observa de forma sutil. Tranquilamente
desayunas, comes y cenas, pero en el fondo los recuerdos te muerden, son dolores
que te hacen brincar, pero que disimulas para que la armonía efímera se prolongue.
Hay noches en que no estas convencido de tus decisiones, pero están hechas y el
tiempo ha pasado, evitas llorar, oras de forma automática y después viene la
indiferencia que por años has tomado como una bandera para borrar lo vivido en aquellos
lugares y con aquellas personas.
Las arrugas son
reflejo de que te estas marchitando, lo que era un inmenso bosque ahora es un
desierto, donde todos los días los pensamientos recorren episodios peligrosos,
eres un personaje que desea regresar a la bondad de esos años gloriosos en el
que todo era especial, alegrías y risas, pero diste la espalda a lo que construiste
y sigue en pie, aunque para ti solo hay ruinas, pedazos de lo que fue una regazo
intacto y recurrente. Elegiste una vereda llena de retos, amor, despedidas,
despilfarros y peleas absurdas, quizá estés en una cima anhelada, pero sin esos
abrazos que te harían sentir triunfador absoluto. Vas muriendo sin darte cuenta,
de nada sirvió inventarse una mezcolanza y derramarla como si fuera veneno, de nada
sirvió el huir como si fueras una presa asustada.
La muerte persiste e
insiste, se entretiene con las polémicas generadas por individuos locos de
poder, mueve las piezas del ajedrez, hace ajustes a la lista de invitados, se
mantiene activa como si fuera a cobrar algo del erario, administra el tiempo de
todos y no se resigna tal fácilmente. Escucha tus ruegos en silencio, te
entiende y solo mira como la tristeza envuelve al ser indefenso en el que te
has convertido, te da una palmada y no tiene idea como has cumplido las
exigencias y caprichos por lo que crees que es amor. Los años corren con prisa y el guion de las historias
son un experimento para esas manos huesudas que no dudan en sacudir con fuerza este
preciso instante.
Tus pasos son
lentos, la memoria te hace malas jugadas. Te queda claro que los días no se
suman solo se restan y que no habrá salvación cuando la hora llegue, ojalá tengas
un poco de verdad en todas esas frases audaces que salen de tu boca, ojalá el
camino esperanzador te acerque a la serenidad que tanto buscas entre penumbras,
que te abrazan de vez en cuando, para recordarte que tienes raíces, nombre y
apellido. No eres eterno, ojalá el viento
te susurre algo sabio y te haga volver a los espacios donde fuiste feliz y
creciste.
La muerte te esta
dejando un rato más. Le caes bien, es empática
contigo, se reserva a ejercer tu momento, porque espera que reacciones y a cada
rato te pone a prueba, te deja mensajes y señales que probablemente ignores
porque que te aferras al orgullo desquebrajado y a la insensatez de un ser que
ya no existe porque hoy eres otro. Aquellos veladoras tronaran para que te des
cuenta de que no todo el tiempo tienes la razón y que hay alguien que te
observa y piensa con amor y gentileza.
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