Quieres ser una princesa.
Lees una y otra vez.
No encuentras algo que te salpique de emociones, se va extinguiendo aquello que
te impulsa a crear, no te importa dejar en espera a tus asiduos seguidores, te
quedas en aquel sofá intentando quitarte lo empalagoso de aquellos personajes
que terminaran amándose para siempre, no tienes idea como romper esa rutina
melosa de lecturas sin fondo, sin forma, sin algo que precipite a los personajes
para estar en alerta y te conviertes en uno de ellos. La opacidad te alcanzo
por las tantas pausas que has realizado a tu instinto creativo, a tus promesas
de volver con algo fresco, no comprendes que sucede con tus esperanzas.
Una historia de amor
inquebrantable se postra en ese ventanal, dejando un sabor insípido y una discordia
en las ideas, das tantas vueltas como puedes, te entusiasma el que las
historias de inocencia se acumulen, de ese montón de letras saldrá algo que
valga la espera, quizá la miel que se esconce entre las paginas sea el impulso
que por meses has esperado. Ahí está esperándote el sufrimiento, la reconciliación,
la seducción, la agonía de la maldad de la que tanto huyes. Quieres ser una
princesa que desate un mundo colorido con diversidad de cariños y unicornios,
si eso quisieras que fuera la vida que esta repleta de fieras y de exigencias.
Vuelves a leer aquel
capitulo donde la reina muere de un sobresalto porque descubre que esta rodeada
de falsedad, vuelves a leer, haces tus anotaciones, lloras, te reprochas y la
reina sigue muerta por el antojo de un escritor tenebroso, que quiso dar un
vuelco inesperado. Te angustias al saber que el final rosa no se encontrara en
esta historia y decides arrumbar el libro al rincón más alejado de tu mundo. Ves
la pagina en blanco y no sabes que escribir, la inspiración esta agonizando
mientras los conflictos narrativos son un auge entre los que han decidido
unirse a la tragedia como un método de salvación y explicación lógica.
Simplemente no
quieres apostar a lo horrendo, tienes miedo de que las doncellas queden
manchadas de sangre y los príncipes sean unos traidores a los buenos
sentimientos, quieres mentirte una vez más creando episodios de dulzura y felicidad,
necesitas seguir rodeada de esa atmosfera suave que no lastime corazones, ahí te
sientes a salvo, es un refugio en donde no haya repulsión, ni frustración, ni dolores
permanentes. Te quedas con personajes
que se mantengan en su alcurnia inventada entre algodones, quieres que todo
fluya en un espacio con espesor llena de elites. No quieres ver la desgracia,
la realidad, la indignante especulación que nos convierte en hambrientos y sedientos.
Sabes que no habrá avances
si decides permanecer en un cuento de hadas. Entonces te quedas pensando y
decides dar unos pasos dudosos, te asomas a las lecturas que te causan escozor
y te sumerges en unas descripciones que te llevan a tus temores. Pataleas
necesitas salir de esos lamentos, de esos quejidos, pero te encuentras atrapado
y como puedes escapas a lo que te hace feliz y te hace respirar en una libertad
tierna y simple. Ahí están esas sonrisas eternas esperando tomar vida en uno de
tus tantos ángulos, das vida a lo imposible en tiempos de perdición, descomposición
e incertidumbre.
Lo opaco persiste en
la penumbra de inspiración, pero funciona ante los aullidos estremecedores de
todo aquello que esta revuelto y rezagado. Miras como aquellos escriben guerras
internas y te sigues asustando mientras liberas un poco de paz entre letras que
son cálidas y merecedoras de una oportunidad lectora, porque hace falta un poco
de fantasía y ficción.
Comentarios
Publicar un comentario