El próximo mundial de fútbol.
La advertencia es que
las cosas simples son tendencia, así como tu sonrisa parca y desenchufada del
mundo que creías un reino donde divertirte y consentirte, ahora ya sabes que no
y comienzas a ser pesimista, te atrofias en esa banca oxidada de ese parque
abandonado y sucio, donde las palomas no se asoman ni por descuido. Te sientes
despojado de la armonía que en días anteriores habías conseguido con tesón,
ahora estas en aprietos y no sabes cumplir tus promesas en medio de un olor
intenso a tabanco y aliento etílico, estas destruido como cada fin de semana,
estas podrido tratando de recordar tu ultima aventura y terminas desesperado al
no prosperar.
La tendencia es que
el país esta hundido en depresión social, que en el próximo mundial de futbol
parece que la tendremos complicada, que los poderosos seguirán apostando por
ganar y no perder, que la música seguirá siendo un instrumento de sometimiento
y la ruina será que estemos callados porque todo mundo se ofende. No tienes
idea del futuro, tampoco sabes cómo traducir el presente y es así como los amortiguadores
del ser se están quedando sin gracia y resuena una inminente tragedia. Nada te
sorprende porque estas fuera del punto de inflexión, estas saturado de vicios y
percances insólitos.
Te quedas pasmado al
saber que las relaciones se terminan de una mañana a otra e intentas persuadir
a los involucrados para que estén juntos, pero tú sabes de sus decisiones
cuando no tienes idea de que vas trazando en al absurdo de los charcos. Alrededor
de ti hay hierba crecida, algún pelotazo de un niño impetuoso te despierta y sonríes,
sigues en las mismas condiciones abstractas y descompuestas. Tus huesos son
fragmentos de todas esas botellas que has vaciado con ansiedad, los dientes se
muestran amarillos, el tufo es un reflejo de la insensibilidad con la que te has
perdido en un campo que parece minado ante las condiciones que te absorben sin tener
una salvación alterna.
Las advertencias
persisten en un cielo pálido que de repente se enrojece y espera el siguiente
sismo, mientras los individuos corren, gritan, mientan madres y se hurgan para saber
si hay un poco de paciencia en sus bolsillos, no hay nada, solo esa soledad insípida,
esa interrogante aplastante y esas horas de presión grotesca. Llegas al punto
para entretenerte y no lo consigues porque sigues creyendo que la perfección existe
y que el amor es una dosis de placebo, sigues vacío en un liquido viscoso y que
te paraliza en un sueño profundo. Aquel sujeto de aspecto insalubre es solo un
espejismo, porque en realidad estas bien vestido, bien peinado, bien empoderado
en un mundo arruinado y con tus privilegios intentas borrar a los malos de este
escenario que se enciende cada vez que parpadeas, el parque sucio es un cómodo sofá
donde miras las noticias de forma picara.
No hay palomas, son
diminutos colibrís que quieren saborear tu arrogante miel. No haces caso a las
advertencias y este podría ser el último día que puedas decir que amas y que
necesitas de un abrazo, no te interesa saber si hay peligros o si estas
equivocado. Solo quieres escuchar a los perros ladras porque es señal de que
vas avanzando y ¿a que costo?, no lo sabes porque tampoco te importa hacer
balances.
Miras a los rivales
de la selección y comienzas a carcajear para mofaste de lo que es probable sea
una calamidad nacional y no haya razones para celebrar, no haya ese sueño de
llegar lejos y prefieres voltear a ver lo que es un escape rápido y preciso, te
quitas la bonita ropa y la dejas caer para simplemente quedar en calzoncillos y
agradecer un día más, un día donde todo parecía hermoso y termino siendo
tenebroso, porque a lo lejos siguen sonando las advertencias.
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