Esa ridícula espera.
Esa ridícula espera en
aquel tejado, donde los gatos maúllan de manera desesperada porque tienen
hambre, te espero con impaciencia y con el anhelo de poder comunicarte todo lo
que tengo guardado, han pasado semanas desde que te cite y no te apareces por
ese lugar, te escabulles por esos atajos de soberbia y distracción a los cuales
estas acostumbrado, siempre te ha funcionado la indiferencia, pero te advierto
que esta se agota. Cuando me aburro me voy, pero la duda me hace regresar para
saber si realmente te interesa lo que te tengo que decir y la sorpresa
desgastada es darme cuenta de que no hay rastro de ti. Te desconozco, porque en
el fondo sabes lo que tengo que informarte, pero el cansancio te llena de olvido,
solo piensas en lo bonito que te esta pasando, no te tocas el corazón para
voltear y darme un fuerte abrazo, la tranquilidad te acompaña, pero en algún momento
tendrá que avisarte que hay también que hacer pausa e ir en busca del que
necesita de tus gélidas palabras.
El ridículo itinerario
que me hace regresar al punto de espera, sigues extraviado en una esfera
rellena de melosidad, ahora tendré que ser paciente para que reviente y despiertes
de lo que parece un sueño maravilloso. Aquí estaré sentado depurando la energía
acumulada, donde ningún pecado capital tiene cabida, donde solo hay armonía, un
cuestionamiento constante y un atrevido misterio por seguir adelante. Te obsequio
unos cuantos pensamientos genuinos de mi corazón para que entres en razón, mientras
recorro el tejado maltratado por las tormentas, lo limpio cada vez que puedo y comienzo
a platicar con el viento que revienta mi rostro cada vez que quiere, he dejado atrás
la delicadeza y la exageración, he pactado con la naturaleza un digno avance de
los años y una ironía con simpleza de lo que observo.
La ridiculez hace
que se estropee todo cuando se topa con la maldad, la destrucción aparece para
demoler esos castillos que se sostienen con la voluntad de la sinceridad, arrasa
con cada dicho honesto, la burla condena lo que parece intocable. Mi espera
esta cayendo en lo miserable, no tiene sentido seguir esperando que llegues y
me preguntes lo que pasa, es innecesario solicitarte unos minutos para
dialogar, no hay condiciones porque todo este invadido por la exasperación, los
gatos me ronronean, quizá tratan de decirme que me vaya, que están hartos de mi
espera, que ya no hay nada que hacer aquí, que no me aferre a lo que está flotando
en una ceguera monumental.
Esa ridícula espera
me ha dado la pauta para determinar que habrá en el futuro inmediato, ir
desprendiendo de la mi historia a los personajes que solo tienen grises y que
no tienen el afán de lo perdurable, que se forjan en el cinismo de regalar
buenos gestos y en el fondo hay muecas insoportables, que no tienen tiempo para
valorar, que aplazan lo que no debería de ser, que no tiene la grandeza de ser
humanos. El ridículo que estoy haciendo al detonar una bomba en el interior y se
revolucione todo, quizá muchos incrédulos hallaran la muerte y otros sobrevivirán
al encontrar el sentido, hasta ese momento sabre que tan arriesgado es comprender
que tu seguirás ausente, porque tienes otros asuntos más importantes que atender,
pero sabre reponerme de los espasmos y habrá forma de revertir la obscuridad.
La incógnita no será
revelada hasta que las circunstancias lo permitan, mientras me repito resiste y
no te rindas, algún día aparecerá con cierta vergüenza, algún día vendrá y los
gatos por fin comerán.
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