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Tienes que decir adiós.

 

Te quedas sin palabras. Mil recuerdos te ahogan en tan solo un momento, necesitas tomar aire y saber que es lo que esta sucediendo, de repente todo ha reposado en un hecho doloroso, ves rostros desencajados, lágrimas honestas y se siente el pesar de todos aquellos que están en un colapso, estas caminando por uno de esos trechos que evitas cruzar, porque crees que no es necesario transitar y ahora te encuentras descifrando la realidad inevitable.

El dolor te conduce al silencio profundo, te mueves por inercia, no quieres decir adiós, te resistes a creer y haces una breve semblanza, te quedas callado por decisión propia, observas como las flores intentan decirte infinidad de cuestiones sin resolver, los minutos transcurren y te pierdes en el bullicio, todo en tus pensamientos es intermitente, quieres reaccionar, pero estas anestesiado, quieres caer en la negación absoluta y quedarte ahí escondido.

Resuenan las campanas y eso significa que pronto llegara el final. Querrás hacer una pausa de contemplación, así como si estuvieras contando las fichas del domino, saber qué hará el otro,  necesitas ser ágil para calcular lo que sucederá, sientes la presión, pero no decides que ficha tirar, no quieres arruinar el juego, quieres continuar en la contienda, quieres seguir sumando, pero el tiempo se agota y tendrás que tomar la mejor decisión, el juego tiene que continuar y el resultado de la elección será descubierta hasta el final de la partida, decides por aquella pesada ficha, sientes la algarabía en tus manos, pero algo no resulta y todos quedan perplejos, el escándalo es un síntoma de que algo se ejecuto mal y esto tendrá consecuencias, no contaste las fichas de forma correcta y ahora tendrás que replantear la estrategia para no quedarte sin esa dosis de triunfo. Entro a la capilla y evito llorar, todo es solemne dentro del recinto, todos están conmovidos, incrédulos, el sermón comienza, nos advierte que debemos estar unidos, serenos, amorosos, que debemos encontrar la resignación, porque la vida sigue su trayecto.

Parece que tus emociones se van revolviendo al son de las fichas, ya viene la siguiente partida y debes de ser un jugador brillante, el objetivo es hacer un homenaje permanente para el compañero que hoy ya no está, debes de comprometerte a todo lo bueno que fluye en ti, debes poner en práctica todo lo aprendido, disfrutar todo lo que tienes, tienes que hacer el esfuerzo constante para que cada jugada sea precisa, pensada, comprendida, no tienes que dudar. Debes de administrar la bondad para que sea bien repartida, quizá las fichas que ahora tienes no sean tan favorecedoras, pero busca la manera de salir de esta revuelta intempestiva.

Tienes que decir adiós, tienes que proceder con sabiduría y saber que lo que cosechaste en instantes no te podrá ser arrebatado, busca la manera de no pasar desapercibido, recuerda que, en el juego, el pasar es algo que perjudica, entonces enfócate en lo que te dará plenitud, recompón esas cuestiones que no te dejan avanzar, habla cuando sea necesario, llora cuando creas conveniente, ríe como si no hubiera mañana. Tienes que despedirte porque es parte del concepto del tiempo que nos toca vivir. Todos se abrazan, todos comentan, todos se demuestran amor, porque esa es la enseñanza que te dio el gran jugador que se marchó y nuestro deber es prolongar la paz y la esperanza.

Me quedo con lo que decía aquella banca, en de aquella capilla: “En el atardecer de la vida, seremos examinados en el amor”, ahí está esa frase, ve y búscala, ahí esta y es clara. ¡¡¡Hey!!! Ya no pienses tanto la siguiente jugada porque es tu turno y tienes que demostrar que tan bueno eres y recuerda honor a quien honor merece.

 

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