La fosa.

 

Una lluvia de piedras cae sobre ese tejado construido con láminas viejas, el ruido no deja que escuche el ladrar de los perros, estoy desconcertado, han espantado mi sueño, no tengo idea de lo que esta sucediendo, apenas y alcanzo a percibir la luz que entre por aquel agujero que esta en la pared, que imprudencia tan grande, la madre naturaleza requiere que ponga atención ante lo que pareciera el fin de los tiempos. Antes del tan tétrico despertar estaba soñando con aquella fosa, es algo recurrente, ahí seguro, en el fondo esta el secreto, el que todos quieren saber, la valentía se había apoderado de mí, realizaría el mejor clavado, con tal de saber que hay en las entrañas.

Pero las gigantescas rocas me hicieron pegar un brinco y quedarme quieto, ahora debo esperar que la somnolencia desaparezca y aventurarme a caminar hacia el umbral de la verdad, es posible que encuentre una ligera incertidumbre que haga que corra a refugiarme y dejarme llevar otra vez por Morfeo. ¿Por qué están lloviendo piedras? Serán sinónimo de las anticuadas rencillas que se han contenido por años, serán verdades dolorosas, serán inventos que se han quedado en el vértigo de un escritor deseoso de ser leído, será que la confusión ha dominado el solemne instante en que bostezo como si eso fuera la consagración de mi existencia, no tengo idea de nada, ni porque la tormenta me ha dejado atónito, es posible que el insomnio me domine al grado de someterme a la reflexión de aquellas guerras que he comenzado solo por capricho.

Apenas hace unas horas corría por el huerto y me emocionaba saber que pronto comenzare a cosechar lo que por tanto tiempo he venido esperando, quizá sea la tranquilidad que necesite para sobreponerme a los tantos meses de sequía. Ahora no quiero saber cómo está el sembradío, quizá sea una inmensa piscina de lodo, que esta esperando mi cuerpo testarudo para revolcarme y estropear mis últimos pedazos de optimismo. Y las pierdas siguen cayendo, en una de esas quedare sepultado, ya me imagino pidiendo ayuda con el pensamiento roto y afligido, son toneladas de piedras, quizá sean todas las maldiciones que de mi boca salen, son esos reclamos atorados en mi corazón, son las malas decisiones, rocas que por fortuna no caen en mi cráneo.

Me he inventado un refugio absurdo donde solo escucho lo que yo quiero, un lugar donde me extravió para alejarme de la pegajosa realidad, si todo lo que has leído es un profundo deseo de desaparecer y quedar en el recuerdo de una grotesca tarde de verano, las piedras son solo los capítulos sin terminar de esta narrativa que me tiene prohibido enaltecer la razón como una fuente de entendimiento, estoy amenazado por la incongruencia de los buenos deseos mañaneros y de la inoperancia de mi querer ver a los personajes que tanto impulso en un cuento rudimentario de mentiras y ruinas existenciales.

El huerto es lo único que existe en mi orbita de elocuencia, ahí está el pequeño espantapájaros que solo se ríe de mí, insiste que lo deje libre y que el después vendrá para rescatarme de la frivolidad con la que muchos marcan territorios endebles, donde todos quieren ponerse la corona y apropiarse de lo que brilla, que gran equivocación están cometiendo todos esos ladinos sin compasión. Aquí es donde paso la mayor parte del tiempo, aquí es donde experimento con la soledad, aquí es donde callo mis conclusiones que son fragmentos de amor imperioso.

Aquí es donde permanezco esperando la cura, la cordura y la zozobra de los más íntimos secretos que guardas en la fosa del ser.

 

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