Colección de títeres.

 

Una tarde fría y un par de tazas de café caliente cubren mi flora intestinal en espera de que la inspiración llegue y me indique que escribir en estos días nostálgicos donde la mayoría no aprendió lecciones y siguen en la misma sintonía del egocentrismo radical mostrando sus talentos ocultos frente a los miserables jueces que afilan sus lenguas para desmantelar lo que parece una franja repleta de entusiasmo y amor. Esos ojos que sacuden, que no tienen compasión, esas manos que señalan sin importar las consecuencias, esas mentes que les encanta distorsionar la realidad con tal de cuidar su reputación que esta agujereada y erosionada por muchas historias que se quedan en el silencio conveniente y atolondrado.

Las música es un estruendo de mentiras que no se alcanzan a escuchar y se parten en mil pedazos cada vez que hay un portazo digno de amor propio e inteligencia emocional, las risas fingidas aparecen cada vez que hay deseos que tienen una esencia de pesimismo y la envidia se asoma cada vez que aquel puño de estrellas brilla en un horizonte prohibido para los que vociferan guerra. No podemos continuar adivinando el futuro, no debemos estropear con lo que tiene una frecuencia nítida de propósitos inocentes y tentadores en bondad.

Las versiones que viertes sobre la gente que quieres son las mismas que se expandirán por tus territorios, te creerán todo lo que digas, porque sabes cómo hipnotizar a la gente y llevarla al punto de la confusión, tienes la astucia de penetrar y causar un miedo enfocado a la incertidumbre, porque al final mezclas tus expectativas y tus ideas arraigadas de como deben ser las cosas y ahí esta el detalle de una constancia en las equivocaciones que te mantienen en un conflicto permanente con el hábitat y tus siniestros pensamientos. Hablas de un dios que quizá no te preste atención, poque huye de tus arrebatos y caprichos insensatos, hablas de una energía celestial como si vinieras de ahí y realmente sigues extraviado entre matorrales de dichos sin sentido, padeces de una traición que has imaginado por siglos, no hay heridas, solo hay una historia llena de fantasías donde te haces la victima de tus acciones e intenciones, ahí estas rasgándote la piel con tal de nos sentir felicidad, prefieres el dolor.

La tarde enfría mis posibles cuentos, las hadas se esconden y las princesas se convierten en bellas aspiraciones, comienzo a forjar un monologo en este lugar solitario, me quedo hablando con el aire y el bullicio que viene de esas calles que cosechan las frustraciones, los enojos y las calamidades de miles de personas en busca de una burbuja de paz. Percibo miles de rostros conocidos y me percato que lloras y tratas de decirme algo, pero no te escucho, hay una gruesa barrera cristalina que hace que estemos en dimensiones distintas, al final desapareces, quiero pensar que la ignorancia te ha devorado.

El cansancio toca mis escandalosos pensamientos, mis parpados pesan, me dispongo a escribir esas frases memorables que en momentos cruciales mencionaste y que no llevaste a la práctica, el sueño me gana y me convierto en una ráfaga de viento que traspasa los pastizales de cosas acumuladas, en el camino voy encontrando las anécdotas, tú colección de títeres, tus enfados recurrentes, siento escalofríos y regreso al lugar donde mi inspiración está desesperada por encontrarme y entiendo que estas atrapado en un mundo de bruma y conspiraciones, ahí te dejare quieto y feliz mientras saboreo una taza más de café.

Estamos congelados, estamos en un invierno que nos hace temblar, que nos hace entes de la melancolía pasajera y que nos susurra que alejarnos de lo trivial es una excelente decisión.

 

 

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