Te crees muy listo.
¿En qué puntos quieres que te la razón? Te lo pregunto para que no vivas
ofendido y angustiado con todas esas ides que solo golpetean la serenidad de
cada amanecer o mejor dime que situaciones te han dejado en un estado de malestar
permanente, quisiera escuchar con atención lo que tienes que decir o me dirás que
son percepciones mías y que solo son malos entendidos producto de una falta de comunicación,
cuento que quizá me trague para así enrolarme en una paz inmensa que me dure de
aquí hasta que te dignes a comprender que esto se llama realidad.
Solo tengo unos minutos para escuchar tus tantas versiones y comprender que
es lo que te tiene incomodo, no quiero esto se prolongue por horas o tal vez días,
en verdad que no hay mucho tiempo y eso lo debes de saber, porque son momentos para
reflexionar y no estar enredando todos los dilemas en una misma madeja, no me
mires con esa ironía certificada de dudas, habla de una vez y dime lo que
piensas, el tiempo esta corriendo y es posible se agote entonces empieza a
contarme todos tus pesares, te escuchare como te mereces y espero vislumbrar lo
queme tratas de decir.
Parece que te quedaras callado y dirás con prudencia que todo esta bien,
que no me preocupe, que no hay nada que perseguir, que el tiempo se encargará
de mostrarnos los diversos escenarios y de esa forma encontraremos las
respuestas que ahora mismo estamos buscando, que no es necesario estar dando
vueltas a lo mismo y efectivamente en eso te doy la razón, no hay que hacer
revuelo cuando sabemos que nuestros conceptos de vida son diferentes y chocan,
de ahí vienen todos los dimes y diretes, por eso prefiero me digas en que estoy
mal y espero que me digas con sinceridad en que estoy bien.
Creo que los nervios te tienen al borde de la locura, se te nota la desesperación
es esas líneas de expresión, intentas cambiar el tema, pero no hay chance para
que eso suceda, porque somos lo suficiente maduros para enfrentar esta asquerosa
situación que nos tiene en una antología de silencios y palabrerías monumentales,
tal parece que queremos ganar un nobel a la estupidez y queremos que esto sea
una especie de eternidad acordada, pero no, no es tiempo de caer en una introspección
que carece de argumentos, sigues callado, como si los ratones hubieran devorado
tus negras intenciones de fusilarme con cada una de tus malas palabras, de tu
boca no sale ni un quejido, sigues clavándome en la mirada en mis juguetonas
manos que manipulan una arrugada servilleta.
Te lo advertí esta oportunidad caducaba, tengo de despedirme con cierta
incertidumbre mientras tu desfachatadamente sonríes como si hubieras ganado la lotería.
Que tristeza me da el perder el tiempo de esta manera, al final creo no te molesta
nada de mi persona, lo que te duele son esas viejas heridas que siguen causando
una comezón tremenda y que no tienen que ver conmigo y que vas tapando con tu
infinidad de aventuras y tus conquistas a la naturaleza que serenamente no te
da respuestas.
Te crees muy listo, pero no lo eres. Solo sabes inquietar la atmósfera con
tus movimientos bruscos y tus indagatorias sublimes. Puede que tengas una sabiduría
infinita que se extravía cuando no sabes enfrentar las razones que una y otra
vez te saludan cuando tomas ese camino inquietante de historias infinitas y ahí
estas ofendido, disgustado, entretenido en cuestiones sin mayor importancia, mientras
la vida se va.
Sigues sin entender tantas cosas, pero te aferras a que por intuición sabes
mucho y en realidad solo sabes que faltan diecisiete días para navidad.
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