El candidato.
Las criticas continúan por mi rostro arrugado y extremadamente maltratado,
mi terrible dicción y esta obesidad que me tiene sudando todo el tiempo. Las circunstancias
me llevaron a acceder a las esferas más alejadas de la realidad cotidiana, mi simpatía
y atrevimiento por cuestionar a la señora que nos gobierna me tiene en una posición
privilegiada, soy el elegido para competir por la presidencia, fui el mejor
calificado y dejé en el camino a personajes de renombre y gran trayectoria.
Cada vez que despierto no tengo idea de que hago aquí, mis veinte asesores
me cuestionan si esta vez saldré convencido a decir lo que pienso, que memorice
las prioridades, que vista de manera apropiada, que ataque al oponente de una
manera carismática, que no me ponga nervioso y que sonría con decisión. Apenas
llevo quince días de campaña y estoy exhausto, nadie cree que pueda gobernar un
país azotado por la corrupción e indiferencia, aunque las encuestan me favorecen
por más de diez puntos. En verdad estoy sorprendido, pensé que mis idioteces terminarían
por encerrarme en la oficina de mi compañía textil y ahora estoy aquí siendo el
blanco de un sinfín de calumnias.
Las burlas no terminan, pareciera que los votantes no tuvieran espejo en
casa y que sus cientos de imperfecciones fueran talentos de gran valor, que
rabia no poder defenderme ante la mirada de una sociedad que etiqueta por lo
que ve, es una catástrofe saber que no se tientan el corazón como si ellos
fueran producto de un escupitajo celestial, que incomodidad saber que los
ataques se vuelven diálogos constantes. Mas allá de todos los señalamientos confió
en mi experiencia y en mis múltiples tareas en el campo empresarial, que me han
dado la solidez para emprender aventuras como esta de querer ser presidente. Amelia,
mi querida esposa me decía mejor tomemos unas largas vacaciones y olvídate de
las aspiraciones políticas, vámonos con los chicos a Roma o Londres, pero mi
necedad me tiene en la lucha de mis ideales que ahora deben contemplar a los más
necesitados, a los olvidados, a los que quieren y no pueden. Me duele saber que
todos estos años estuve en un bunker rodeado de lujos y ahora veo una realidad
espantosa y debo estar cerca de ella y buscar soluciones. Dicen que seré el
ganador de esta turbulencia electoral, que por fin derrocare a la fábrica de desatinos,
que mis ocurrencias ahora me tienen en la orilla de la hoguera y que no hay escapatoria,
que el futuro esta en mis manos.
Esta es la verdad de un candidato, de la construcción de un personaje
dotado de fe y esperanza. Hasta hace seis meses jugaba golf con en el que ahora
es mi rival y para atacarme despotrica cosas que hablamos en privado, este es
el cuchitril de la política, todos quieren llegar, porque ahí hay intereses que
los hará vivir en paz por el resto de sus días y si lo tengo claro, si llego
tengo que ver por la seguridad de mi familia, amigos y gente que me ha tenido
la confianza, esa gente de negocios y de lealtades inquebrantables. Aunque no
quiera tendré que ayudar a los que me han mantenido en este camino de aspiraciones
y deseos personales. Quizá mi obesidad no me deje avanzar, pero mis
pensamientos serán poderosos para salir a flote durante esta época de poder y excentricidades,
caeré en la ruleta de la sumisión y de la falsa generosidad, todo será un
negocio redondo y quizá terminado mi mandato me alcanzara para reglar millones
de espejos y así todos verán sus monstruosas apariencias, sus desagradables vidas
y sus intermitentes días de fortuna.
Yo estaré muy lejos de aquí comiendo un delicioso Börek.
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