Medalla de oro.
Imagínense cuantas medallas tendríamos en nuestra historia si las disciplinas
fueran: La crítica, el mal humor, la pereza, la imprudencia, el clasismo, la discriminación,
la envidia, el enojo, la violencia, la indiferencia, la burla, la ambición etc.
La lista es muy larga y quizá seriamos una abrumadora potencia en todo lo que día
a día hacemos, esas acciones que debemos erradicar haciendo conciencia y
reiterando que debemos enfocarnos en lo que nos corresponde, pero al final
somos imperfectos y esas acciones continuarán sin cesar hasta que algo nos haga
reaccionar de forma ecuánime y verdadera.
Imagínense una competencia en donde la flojera sea la protagonista y gane
el que sea el más descuidado, el más sucio y el más holgazán, seria épico ver
como seres pulcros se van descomponiendo con el tiempo, otra competencia sería
el que ingiera más comida chatarra en diez días y así de modo sucesivo inventarnos
varias actividades para calificar las imprudencias que cometemos de forma habitual,
seriamos los reyes de esos juegos.
Pero la realidad es que hay hombres y mujeres que se parten la cara todos
los días para cumplir sus metas, que madrugan, que se alimentan sanamente, que están
comprometidos con lo planificado, que no se rinden, que si se lesionan insisten
en pulir su técnica, que están ahí día y noche convencidos de que las cosas se
pueden hacer mejor, que toman los riesgos y se someten a rutinas extremas para
no perder el ritmo. Esos son os atletas que llegan a los juegos olímpicos, que
son triunfadores, que no piensan jamás en perder, pero que tienen presente que
esto es de constancia, son personas que trabajan sin dudar, que son seres humanos
que tienen tantas cosas que decir y que en el momento de la verdad demuestran
de que están hechos.
Una nación se paraliza cuando un atleta compite por lo anhelado y es ahí que
cada uno de nosotros debería reflexionar en que estamos haciendo para
disciplinarnos, para salir de la caja, para invertir nuestro tiempo en lo que
soñamos, es momento de expresar, de manifestar nuestras intenciones de ser ganadores,
de salir al mundo para fabricar posibilidades, de adaptarnos al cambio, de
aceptar la realidad, de producir condiciones idóneas para nuestro bienestar, regocijarnos
por los demás y sumar en cada ámbito.
Hay algunos arrogantes que desde la comodidad de su cama, señalan el rendimiento
de un atleta, se quejan de que no pudieron conseguir una medalla, les irrita
que estuvieron a punto y la gloria se les fue, con su enorme barriga imploran
que el resultado sea otro, con su nula perseverancia piden a sus dioses que
esos locos deportistas consigan lo que ellos ven muy lejano, pero eso si andan
con sus tenis ultima generación adornando las banquetas y los parques como si
ellos fueran esos deportistas que se parten la cara. Son esos soberbios que sudan
la gota gorda al subir una docena de escalones, los mismos que no pueden cargar
ni un kilo de manzanas, son ellos los jueces que proliferan con la consigna de
fregar al que realmente si entrena, al que, si se ocupa, al que, si se ama, al
que hace lo inimaginable por hacernos vibrar con su esfuerzo y su dedicación.
Son los contrastes de una sociedad afectada por diversos aspectos, ahí andan
millones de individuos queriendo ser héroes, pero no saben de que manera, que
necesitan sentir la victoria, pero todo lo ven opaco, que desean sentirse
ganadores, pero que en su cabeza ronda el pesimismo y el hartazgo. Cuestión de
mentalidad y de quitarnos los malos hábitos, de hacer cambios radicales y salir
a obtener eso que nos hagas estar todos los días en la felicidad, en la satisfacción
y la gratitud de sentirnos plenos.
Volver a abrir los ojos es como conseguir una medalla de oro.
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