La renuncia.

 

Eres coleccionista de renuncias. Has renunciado a todo con tal de brillar en un universo plagado de estrellas, no te importaron las consecuencias, solo pensabas en conseguir el objetivo, querías llegar de la forma que fuera. Ahora que estas en ese asiento cómodo, lleno de responsabilidad, sientes como la soledad te susurra todos tus sacrificios y sigues sin comprender el nivel de ego que alimentas sobre el camino que se agrieta en cada paso.

Renunciaste a muchos momentos de claridad, al amor, a la convivencia, a la familia, al descanso reparador, a la salud plena, al sonar de las campanas, a la risa ingenua, a la reflexión verdadera, ese es el sello del éxito que has obtenido, renunciar a todos los instantes importantes, a las personas significativas, no tienes idea de que todo es temporal y que el dinero no compra tiempo, ni vínculos, ni modifica historias. Seguirás con la encomienda de comerte el mundo sin pensar en lo repentina que es la vida, quieres más y más, ya es una necesidad fuera de control, es un mecanismo para no atender lo que tiene relevancia, tienes el convencimiento de perder si no hay otra opción, al final personalmente estas en la cima.

Ya no hay vuelta atrás. Si sientes dolor por alguna perdida tendrás que ser fuerte y encontrar las respuestas en medio de todas tus victorias, si la duda te persigue deberás desempolvar tu libreta de lecciones y elegir una alternativa para salir sin lesiones graves, no puedes moverte de ese lugar privilegiado , porque es tu orgullo, es un trofeo que todos los días debes de pulir, es una condición que te mantiene con la mente ágil y despierta, quizá el caos te acaricia, pero en ese espacio de presiones y objetivos te mueves como pez en el agua, no tienes tiempo para preocuparte, no hay recoveco para las lágrimas.

Seguirás renunciando a lo maravilloso de la vida.  Continuaras con el estrés, con la agenda apretada, con las discusiones constantes, con los reclamos puntales, con todo ese cumulo de cosas sin resolver y ahí estará ese trono hecho a la medida para consolarte y darte unas cuantas palmadas y recordarte que eres el ser que mueve los hilos y no puedes detenerte. Cuando tienes recesos, solo piensas en como remediar el futuro de los demás, como puedes sanar todas esas heridas causadas por tu ausencia, te respondes de forma severa y después llega el olvido como aliado de la ardua carga de trabajo, pero sabes que es parte del espectáculo.

Al terminar la jornada, subirás al flamante automóvil, tomaras el volante sin rumbo fijo y entenderás que debes ir a casa para encontrarte con una realidad que te espera y que debes de resolver, pero no hay tiempo y debes tomar riesgos para regresar al campo de batalla, al campo fértil del triunfo personal, entonces llegaras a la habitación que te condena, te desvistieras y dormirás entre incomodos pendientes.

Saldrá el sol y querrás responder algunas preguntas mientras el reloj avanza. Lo sabes no hay un minuto mas para el debate que siempre queda a medias y en un incendio sin precedentes, pero eres tú o los demás, sigues determinando que tu carrera es de suma importancia y algún día podrás resolver de un solo golpe todo lo que te ha perturbado por décadas.  Los años pasaran, tendrás gratificaciones y satisfacciones a sabiendas que esto tendrá un costo muy alto, también habrá infortunios y situaciones lastimosas, pero es parte de la burbuja en ocasiones absurda y otras aplaudible.

La siguiente renuncia la tendrás que analizar con ese ego que cargas y que sigues alimentando, porque no es suficiente ser bueno a la manera que crees cuando no tienes tiempo de calidad para lo que es pasajero y realmente meritorio.

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