Ni un centavo disponible.

 

Te quedas mirando como las hormigas invaden tu privacidad y piensas que todo se fue a la borda después de que dijiste verdades hirientes, te sientes decepcionado al encontrar razones suficientes para quitar de tus prioridades esos planes, no quieres ceder ante la cruel fatalidad que tus ojos han acumulado y te quedas quieto en esa banca fría.

Las lagrimas mojan el suelo y la gente te ve de forma desconcertante. Intentas levantarte y no puedes, estas en la negación y no aceptas que todo haya terminado en gritos, en reclamos, suspiras por lo que fue y te limpias la cara con tus manos temblorosas, te pones a pensar que es lo que pasara ahora que vuelvas al departamento y encuentres soledad. Te sientes mareado, débil y confundido, todo parecía genuino y en tus locos sueños posaba la posibilidad de concretar todo lo que se venía construyendo y de repente los perros se soltaron, te desconocieron, te mordieron, solo tirabas patadas de forma desesperada y llego ella con la condena de marcharse y así fue, mientras veías como las maletas se llenaban, te saliste a caminar sin rumbo, te metiste a la cantina  y te perdiste entre los brazos del mezcal, no sabes cómo llegaste al parque, te extraviaste desde aquel jueves y ya es martes, has vuelto a caer de forma estrepitosa.

Tratas nuevamente de incorporarte. Te das cuenta de que no tienes ni un centavo disponible, que aquella camisa esta manchada y tus pantalones rotos, solo te quedan los calcetines puestos, percibes un olor a sudor penetrante que proviene de todo tu cuerpo, comienzas a recordar que saliste corriendo de aquella cantina y dos tipos te detuvieron, te esculcaron y arrastraron unas cuantas cuadras, se burlaban de tus condiciones y solo suplicabas te dejaran en paz. Por casualidad solo te quedan las llaves del departamento y comienzas a caminar, te tambaleas, te das cuenta de que no estas lejos de casa, es solo cruzar la avenida y listo, como puedes esquivas los automóviles y esas miradas llenas de asco. Entras al edificio, subes las escaleras, escuchas los ladrido de uno de tus atacantes y por fin llegaste al cuarto piso, descansas y abres la puerta, ahí esta Tenorio brincando y lamiendo tus rodillas, se ha olvidado de su traición y tu solo recuerdas como te mordía con dolo. No queda nada, el lugar esta vacío, la escena es abrumadora, solo te dejo un par de sabanas, una almohada, una cobija y el florero con unos girasoles marchitos.

Se llevo todos los muebles, cada objeto, cada cubierto. Tuvo el tiempo necesario para hacerlo, sabía que no volverías y se aprovechó. Ahora sientes como la sangre te hierve y te das cuenta de que estas en ruinas. Comienzas a tararear aquella canción y a golpear las paredes, Tenorio comienza a chillar y ladrar, solo te queda esa compañía perruna, estas desecho, abandonado y herido. Pensabas que nunca serias descubierto y que tu no te darías cuenta de sus extraños movimientos y ausencias frecuentes, los dos creyeron en la astucia y terminaron rotos, lastimados y cabizbajos. Ahora solo queda rescatar la poca dignidad que hay, solo queda entender que no hay culpables solo responsables y evitar el papel de victima que tantas veces ocupaste con tal de salir triunfador.

Todo se acabó, es momento de darse una ducha y buscar sosiego mientras Tenorio busca rastro de lo que hubo, sería prudente dormir sin restricciones y después pedir ayuda, quizá buscarla y exigirle explicaciones o quedarse con las dudas para rehacer una nueva vida, no sabes ni lo que quieres, ni lo que perdiste, estas derrumbado, estas al borde de un colapso y hasta el mezcal se llevó.

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