Ente.
Todos vamos por el desierto en busca de agua. Alguien desde el universo nos
mira y comienza a sugerir nuestros pasos, alguien con tormentas apocalípticas opina
sobre nuestras decisiones mientras ellos invierten el tiempo en poner orden al
cosmos que va expandiéndose, creemos que encontraremos una laguna y que esta servirá
para sobrevivir por un tiempo indefinido, somos esos creadores de historias de
opulencias innecesarias y rehenes de esos cuentos macabros.
Nos manifestamos con quejas, nos ponemos a la defensiva como si eso diera pauta
a acuerdos sensatos, intentamos exponer ideas siempre en busca de la escapatoria,
la fragilidad nos sacude y señalamos las posibles causas de la crisis. Nos aferramos
a los argumentos que no funcionan, elegimos retroceder con tal de embonar y
conspiramos con la misión de quedar bien con aquellos que están lejos de saber
la verdad.
El azar nos llama para proclamarnos campeones, festejamos las victorias
ajenas, revelamos los secretos inventados por voces envidiosas, recreamos un
mundo ideal donde los protagonistas opten por convencernos que no hacemos lo suficiente,
es una polvareda de rebelión y crueles juicios. Nos desatamos para dar paso a
otros, los sometemos con inflexibilidad y los arrojamos a la hoguera, es una discrepancia
con nuestros sueños y nuestras imposiciones.
El desierto es inmenso y las quemaduras van surgiendo. Estamos agotados de
buscar y no hallar el elixir del que tanto hablan, de eso llamado éxito, de eso
que creemos es el agua, eso que nos causa desesperación. Nos confundimos y damos
prioridad al resultado y perdemos la noción de cómo hacerlo, nos frustramos y
nos inspiramos en ese manual de pesimismo. En algún punto solo seremos unos
cuantos, no llegaremos a la orilla de lo que pensamos era pequeño, no veremos
florecer, no volveremos a sentir ese frio que no impulsaba a no quedarnos con los
brazos cruzados, nos detendremos y escribiremos nuestras ultimas voluntades. Cuando
nos localicen seremos puros huesos, seremos ese recuerdo de alguien que sigue
con enloquecido por ser rico, significaremos una aventura inconclusa y
quedaremos en una sutil estadística. Todavía desde aquel lejanos punto del
universo nos estarán manejando, aprovechándose de nuestra debilidad, de nuestra
opacidad, de nuestra falta de fortaleza, para ese entonces seremos fantasmas de
aquellos que no hicieron su tarea humanitaria.
Los presumidos gastaran todos sus recursos para no caer en esta caminata de
la calamidad. Harán todas las maniobras posibles por hablar con esos personajes
desconocidos, les rogaran para que no se termine el ciclo, imploraran para que
todo siga creciendo en esta tierra infructuosa. Nos lloraran un par de días y después
tendemos que buscar la manera de regresar para destacar y sobresalir, tenemos
que volver del más allá, no podemos dejar que los insaciables amantes de lo
ajeno se queden con nuestra dignidad, con los manuales que indican como
avanzar, con la grandeza que se ha ido trasformando con controversias que
promueven la catástrofe. No seremos relegados por una fuerza insolente, de la
arena aparecerán nuestras pertenencias, porque ahí se conserva la magia y el
discurso disruptivo.
En mi inconsciencia me doy cuenta de que he quedado solo yo. Los demás fueron
timados por querubines que vinieron y reventaron la tranquilidad, estoy en mi
estado espiritual y por ese motivo me siento ligero en busca de la entrada
principal que me haga hacer creer que somos energía. He vuelto al desierto
donde se han extraviado infinidad de mentes brillantes por perseguir esa luz
brillante que los deja ciegos y siendo comida para buitres.
No vencerán al ente que maneja todas las especulaciones y hechos. Sigue moviendo
lo que le da la gana, sigue interviniendo para darnos cuenta de la miseria que
con tanta devoción hemos fabricado y multiplicando, dejando barricadas en los
corazones que vagan y no comprenden el sentido del amor.
Comentarios
Publicar un comentario