Sangras.
No quieres evolucionar. Sigues guardando esos rencores caducos, sigues
arrastrando el saco lleno de cosas absurdas, mantienes los mismos reproches y
las discusiones tienen las mismas incidencias. ¿Qué sigues haciendo ahí?, te lo
pregunto de forma seria, con ese poder que la confianza me da, te cuestiono con
respeto y quisiera saber la respuesta para desmenuzar de forma franca mi
percepción, que complicado es verte incomodo, disgustado, aparentando lo que no
es y ya no será. Eres un masoquista, un tirano de tus propias versiones, eres
el juego que no tiene ni principio ni final, eres una incógnita que va
sacudiendo las fronteras de lo ordinario y lo verdadero.
Te reservas y continúas haciendo la hazaña de despertar en la cueva del
lobo. Los desacuerdos te tienen al borde de la conmoción y no comprendes que es
lo que esta pasando, piensas que todo esta en tu contra cuando quizá hay
cuestiones a tu favor, la vista se te nubla no quieres ver lo que se está
gestando, no quieres escapar, te cubres con las restos de los buenos momentos
esperando el bombardeo pase y sonríes en señal de victoria. Desempolvas el
significado del amor y ahora no cuadra con la realidad, te inventas nuevos
argumentos para estar peleando, indagas lo que no tiene congruencia y al
parecer estas fuera del radar, de los hechos, de los planes y te aferras con
tal de seguir consentido de una u otra forma.
Que macabro es verte resistir todas las embestidas. No te queda de otra eso
es lo que quieres vivir, eso es lo que necesitas para poder sentirte requerido
en los escenarios que por mucho tiempo fueron cómplices de tus silencios, eres un
arbitro corrupto que mete mano para sacar ventaja de lo que puedes y quieres,
de alguna forma la alevosía te ha hecho un maestro de la resiliencia, no
quieras mentirme, tus ojos dicen que sufres, que tienes miedos y que no dejas
de llorar por dentro.
Quisiera ayudarte, pero no te dejas, te pierdes entre los aparatos, la música
y las distorsiones del tiempo, te desentiendes de lo que sientes y de lo que
quieren los demás, ya no te importa, estas con el corazón corrugado, castigado
junto a la puerta del olvido y la agonía de la gloria que se desvanece de vergüenza
cada vez que sale a pasear por la avenida que te hace recordar tus grandes pérdidas.
No quieres ni saber en qué día vives, te mantienes divagando y torturando a la princesa
que tanto anhelabas y ahora es una reina despiadada que da manotazos,
destruyendo todo a su paso, no puedes creer en que sea convertido, quieres huir,
pero te has enredado con sus afanes de grandeza y sus múltiples achaques, ese
es el costo de una carrera que ha sido corta pero exhausta, no sabes si hay
salida o un banquete con una pizca de paz.
Inventas rincones de soledad que te someten a entrometerte en aquello que
no te importa con tal de hacer algo de provecho, te pones la careta de ingenuo
y sonríes de una manera descolocada, exagerada, quieres perderte en el bosque y
sacudir los cedros, abrazar los pinos y susurrar tus sueños a los óyemeles, quisieras
estar tomando un café en París, pero abres los ojos y estas en medio de una muchedumbre
que quiere entrar al metro, porque a todos se les hace tarde, es el sarcasmo
que te abraza y en muchas ocasiones se cansa de tus intolerantes reacciones, no
quieres evolucionar, has encontrado tu cama de clavos mismos que te confunden
con un sutil masaje mientras la realidad es que sangras, eres inamovible y no habrá
poder humano que te convenza de irte para siempre.
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