El trayecto del amor.
No hay que arrepentirse
de dar amor, de desprendernos de lo valioso del ser, si realmente estamos
convencidos de que lo que sentimos va acorde a lo que pensamos, es una asociación
de perspectivas, de grandes travesías, quizá a lo que hay que darle muerte son
a las expectativas, esas que nos vuelven miserables por pensar que la eternidad
es una opción y el perdón un tributo de emergencia.
Amar es la complicidad
extrema, esa que recurre a la amistad y a la confianza exacta para contar lo que
en otros tiempos era infumable, es una formar una fortaleza con puertas
abiertas, es darse por completo sin saber si hay abismo o tierra firme, es
comprender que hay riesgos y que estamos envejeciendo paulatinamente, es un espacio
donde no debe existir distorsión y donde los acuerdos son un plan de vuelo
definido.
Entiende si estas
leyendo esto que en el amor no hay mentiras, no hay esas excusas que suenan
bonitas con tal de complacer al otro, en el amor no debería existir reproches
ni ataduras, no confundamos el estar juntos con que estamos bien por los siglos
de los siglos. De vez en cuando hay que revisar los pormenores que nos tienen en
el vago concepto del amor, apoderarnos de la valentía y cuestionar si esto es
lo que queremos o si es un aferramiento. En el amor verdadero hay libertad de decisión,
no hay imposición, no hay actos iracundos, no hay esas frases que te ponen en
un dilema, no hay nervios por decir lo que sentimos.
No te quedes ahí por
comodidad, por estatus, por mostrar un falsa felicidad y donde el ejemplo queda
en un veremos, si no hay amor, no habrá platicas que duren mas de una hora, los
monosílabos serán una encomienda para disfrazar unos besos que son dignos de un
premio cinematográfico, todo será efímero con tal de salir librados de unos
golpes macabros. Quedarte ahí y despertar al medio día es una puñalada que te provoca
quejidos y que te abre la posibilidad para pensar en tonterías, es una coronación
a la resignación, es una condena a la vista y la posible conclusión es que es
una sentencia justa al esperar que todo cambie.
Hay tantas razones para
desistir, pero no para arrepentirse. El amor es un juego robusto de lecciones y
acciones inevitables, es lo que decides desde un principio, es lo que decretas
para un futuro incierto, es un poco de sal y pimienta, es la recurrencia para
relacionarse con alguien que fue un completo desconocido y se convierte en una bitácora
de viaje, es una aventura incesante, es algo bonito cuando se quiere y se puede.
No quieras hacer del desamor una historia de amor toxico en un camino sinuoso y
obscuro, no revuelvas la sal con al azúcar, no permitas que las peleas sean por
la mañana y por la noche, esas peleas internas que te tiene la borde del dar un
portazo e irte a la cueva donde tus lobos te ven como rey.
Siempre toma el trayecto
del amor aunque en el camino se descompongan tus afirmaciones, no te dobles
ante el resentimiento que ronda a la mayoría, no te exijas tanto, mejor ve insistiendo
en que hay un mundo mejor en algún lugar de al podredumbre, no te fijes en las
caras largas de los que van desorientados, de esos que vienen rotos del corazón
porque no pusieron limites y no respetaron sus códigos, obsérvate advertido por
aquellos que lloran, que sufren, que no entienden y hasta ahora no sabrán del amor
verdadero.
Ama sin
arrepentimientos, ama como te gustaría que te amaran y vete sin no hay ni una
morona de amor.
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