El vestido rojo.
Me siento afligido al grado de no comer y no dormir, he
estado sumamente preocupado porque las cosas no son como antes, he visto como tus
palabras han ido escaseando, ya no hay motivos para reanudar las conversaciones
que dejamos pendientes, no me interesa saber tus puntos de vista, me siento
abandonado en medio de las higueras que tanto contemplabas en las tardes de primavera.
Estoy harto de que seas indiferente, que no tengas un detalle, que te levantes
y te vayas a escuchar música al otro lado de la casa, estoy olvidado desde el día
que se escuchó ese portazo.
Quieras retener a tu hija, querías que siguiera tus instrucciones,
que obedeciera, que entendiera que ir a la universidad es una perdida de
tiempo, hubieras preferido que se buscara un marido y terminara sus días en una
cocina día y noche. Pero realmente estas muy equivocada porque yo jamás te
trate mal, ni te imponía, siempre fuiste libre en tus decisiones, tanto así que
un día te inventaste que dormirías en el cuarto de huéspedes para dejarme
dormir en paz y ahí te quedaste. Ahora estamos solos, desamparados, te la vives
enojada, haces las cosas como si fuera una obligación, los monosílabos son
nuestro pan de cada día y la verdad el aburrimiento me está dando pauta a
romper mis promesas.
Quizá te has preguntado el porque no vuelvo temprano a
casa y a decir verdad he buscado cariño en otros aires, en otros espacios,
necesito ser querido, deseado, no quiero sentirme como un objeto, pensaras que me
voy al billar o al domino, pero realmente he descubierto algo novedoso que me
tiene entretenido y hace que no me fije en el tiempo. Según me jubile para que pasáramos
más tiempo juntos y resulto ser un calvario, una pesadilla que me tortura cada
vez que veo tu gesto pálido e inexpresivo, pareciera que quisieras morirte para
que el sufrimiento me matara, pero seria gratificante desaparecieras, me
dejaras en un estatus de melancolía, de reflexión, de anhelo por querer seguir
viviendo.
Sabes que extraño a mi hija y a ti eso no te importa. Cuando
descubriste que su naturaleza estaba retorcida según tus ideas, comenzaste una
guerra incesante, recurriste a métodos inimaginables para retenerla en este
lugar que ya es el mismísimo infierno, hasta que llego el día en que se
levantaron la mano y se marchó sin despedirse, solo agarro sus cosas y se fue
azotando puertas. Conseguiste que todo se fuera por la borda y ahora estoy
padeciendo las consecuencias de tus acciones, que doloroso saber que no hay condiciones
para volvernos a amar.
Yo decidí comenzar de nuevo y que esta noche será la
ultima que pase en esta casa, te quedaras sola, amargada, impaciente, no habrá poder
humano que me detenga, que tus rezos solo servirán para tener un poco de
consuelo, ojalá halles razones y tengas las agallas para volver a ser feliz con
quien tu quieras, te dejo todo lo que construimos juntos, no peleare nada, no
tiene caso enfrascarme en un proceso que tiene tintes caóticos. Por cierto no
pienses que te engaño y que me encontré otra mujer, nada de eso, no hare lo que
muchos hacen con tal de sentirse machos, yo solo me descubrí, lo que si te pido
que es qué no te vayas a enojar porque tome sin tu permiso el vestido rojo que tanto
cuidabas y que te ponías en cada uno de nuestros aniversarios, realmente lo
necesito para ensayar mis clases de flamenco y caracterizarme como la mujer que
dejaste de ser para mí, ahora estoy explorando lo que un día se despertó en mi
cabeza.
Tampoco pienses que me gustan los hombres, eso no esta en
mis tentaciones, solo quiero sentirme alegre cada vez que me maquillo, que
bailo y que puedo ser lo que en realidad no soy, te admiro por la mujer que
fuiste y detesto en la que te has convertido, ahora te digo adiós y espero
pronto me vayas a ver bailar y aceptes todo lo que esta pasando. Disfruta la
inmensa soledad que te queda.
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