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Los ignorados.

 

Hay muchos que son ignorados, porque no dan halagos sin sentido, porque no aceptan ser perros guardianes, arlequines a la disposición de un dedito, misioneros de actos cobardes, esos ignorados comprenden que la vida es cuestión de empatía y bondad, difícil que la mayoría se guie y proceda de esta manera, es así como el malintencionado siempre tendrá chismes y discordias que trascenderán para que el infierno sea una realidad inevitable.

Los que ignoran son felices, porque ellos siguen ganando, ellos creen tener la razón, son intocables según sus creencias y piensan que su vida es recta y honorable, caen en una confusión selectiva que hace que los hace seres poderosos con aquellos que tienen rasgos para ser sumisos, se vuelven amenazadores con dotes inspirados en sus heridas, consiguen su bienestar aplaudiendo lo que les conviene, lo demás no importa, no tiene significado. Los que ignoran solo atienden las urgencias y lo que es primordial para avanzar lo dejan a la deriva como si se fuera a solucionar por arte de magia, ellos no saben hacer nada, no tiene el fundamento para enseñar, para escuchar, para generar un ambiente saludable.

Los ignorados tienen que batallar con piedras grandes, con respuestas incorrectas, con argumentos que son un intento de flagelación, la tristeza es envolvente y se expande como si esto fuera el oxigeno de aquel sitio que esta repleto de injusticia, toxicidad y carencias. La ignorancia va ganando terreno cuando destruye los canales de comunicación, cuando desgasta vínculos, cuando las alternativas se quedan en una larga lista de espera. Los poderosos piensan que tienen todo bajo control y la realidad indica que solo hay frustración, intolerancia, malestar, las quejas son incalculables y los que le juegan el papel de hipócrita resisten porque sus intereses están en medio del bien y el mal.

La opacidad es el estandarte de cada rincón. Todos despiertan dando sentido a la vida a través de sus sueños guajiros, de hacer la mismo de siempre, de comportarse con prepotencia y desagrado, para la mayoría la vida es igual, los cambios son un sarcasmo que queda en una constancia burlona y obsesiva por conservar la intriga. El caos aparece en todos los escenarios, ya que no hay una reacción para apagar los incendios, los infiernos siguen provocando catástrofes y los poderosos solo contestan llamadas para darse el lujo de presumir su eficacia. Mientras los ignorados siguen aguantando el ritmo, son resilientes ante los acontecimientos, intentan engañarse para procurar su paz, agradecen y manifiestan, se van a dormir pensando en un mundo mejor, pero eso es lejano cuando los entes simplemente van engordando sus egos y moviendo los hilos a su antojo y patalean cuando las cosas no salen como el plan lo establece.

La ignorancia va dando pasos firmes hacia lo que parece ser un viaje sin regreso. Nadie se percata de los contextos, de los pretextos, de las excusas, las cosas no van a cambiar mientras nos quedemos callados y las situaciones se repetirán porque así funcionan y así se aceptan. La decadencia se va acercando y de los asientos cómodos van saliendo filosas espinas, esos halagos repetitivos ya no serán efectivos, algunos reinos se irán apagando y algunas concesiones tendrán que ser objeto de análisis.

Los que aceptaron ser perros guardianes tendrán hambre, los arlequines improvisados tendrán que idear nuevos actos, los misioneros forzados tendrán que darse cuenta de que lo que hacen es cruel y las lluvia de humildad los sorprenderá, verán sus arrugas, su lentitud, su estúpido proceder. Ahí se quedarán esperando a que alguien los auxilie esperando que algún otro poderoso los mime y les de esos privilegios insípidos.

Los poderosos caerán por las escaleras y los ignorados despertarán armados de palas y hachas.

 

 

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