Olor a jazmín.

 

El silencio se apodero de aquel lugar. Mi cuerpo temblaba, no podía parar de sollozar, el olor a jazmín invadió el sitio, la lluvia era intensa y mis pensamientos eran un manojo de escenarios inverosímiles. Era noche de luna nueva, no comprendía lo que estaba pasando, solo se escucho un estruendo, se fue la luz y se percibían algunos sonidos que provenían del centro de la tierra, era algo increíble, pasaron horas y el miedo me impedía moverme y no pude contener el llanto.

El amanecer por fin llego, salí de la cabaña, comencé inspeccionar, los arboles estaban triturados, la hierba todavía humeaba, lo único agradable era el olor a jazmín que persistía, camine unos quinientos metros y comencé a ver a los animales muertos, ardillas, zorrillos, pájaros, ratas, el miedo me revolvió el estómago y seguía sin entender, seguí caminado hasta llegar a lo que parecía una luz intensa de ella emanaban infinidad de colores, la toque con precaución y percibí un frio indescriptible, como pude regrese al punto donde estaba la cabaña, pero había desaparecido en su lugar estaba un artefacto metálico redondo y negro, la curiosidad me hizo acercar, lo toque y estaba caliente, se podían escuchar ruidos que provenían del interior, en ese momento en pánico me tenía en alerta total.

No lo pensé y corrí lo suficiente para dejar de sentir esa angustia. Nuevamente me detuve y descubrí que de las plantas brotaba un liquido viscoso, la tierra era amarilla, el cielo era rojizo, no podía creer lo que estaba experimentando. El silencio era abrumador, la inquietud por resolver el misterio me perturbaba, lo que seria un fin de semana de aventura y exploración, se convirtió en un sueño incongruente. La noche de nueva cuenta llego y busque refugio bajo unos árboles, la confusión era constante, de repente me jalaron de los pies y me arrastraron hacia lo que parecía una madriguera, algunas luces azules iluminaban el lugar, ahí estaban unos entes peludos y sin rostro, su pelaje era blanco, sus cuerpos eran grandes y sus extremidades muy delgadas,  solo me magullaban, me tocaban con brusquedad uno de ellos me aventó a una fosa llena de un líquido gris, me sostenida para que no pudiera salir, en ese momento el miedo desapareció, mis pensamientos eran ambiguos, era una marioneta, no tenía control sobre mis movimientos después me desmaye.

Desperté en un restaurante completamente lleno, todos me veían con asombro, junto a mi estaban las maletas que yo mismo prepare para mi fin de semana en el bosque, algunos se reían pues mi ropa estaba manchada de vino tinto, como pude mi incorpore, ahí estaba el mesero esperándome con unas sonrisa y con mi ticket de pago. La vergüenza en ese momento era lo único en lo que pensaba, salí al estacionamiento me subí a mi automóvil. Lo arranqué y me vi en el retrovisor, mi cara estaba completamente hinchada, el miedo regreso a mis pensamientos, no sabia que era real y que no. Aceleré y tomé rumbo hacia la carretera, es ahí donde me di cuenta de que mis zapatos estaban llenos de lodo, mis manos sucias, no podía hilar mis ideas, no recordaba, quizá fue el efecto de los nuevos medicamentos que me recetaron, fue un mal sueño o alguien me hizo una broma.

Detuve el vehículo, me sentía nervioso, encendí un cigarrillo, observe hacia el cielo y había una docena de luces alienadas, se prendían de forma intermitente, parpadee para constatar que no era una alucinación y de repente estaba fuera de esa cabaña rodeado de un cuarteto de aquellos seres de pelaje blanco y solo cerré los ojos para escapar de la temible escena.

Ahora estoy conectado a cientos de aparatos sin saber en que parte del universo estoy y solo percibo el olor a jazmín.

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