Idilio.
Hay ocasiones en que no dimensionas el tamaño de tus
decisiones. Aceptas la propuesta que cambiara el rumbo de todo lo que venias haciendo
y te encierras en esa habitación para consumir tabaco y agua mineral, no te
interesa lo que lo demás vayan a decir, solo esperaras la llamada para esperar
instrucciones.
Ya estas harto de las poses, de sus cuentos de superación,
de su eterna competencia, de su falta de demostrar amor, de sus limitantes
emocionales, estas cansado de la falsedad con la que se desenvuelven, ya no
sabes si decirles sus verdades o continuar alimentando sus ficciones. Es por
eso por lo que has pensado irte lejos y tomar en serio la desintoxicación, de
invertir todos tus ahorros en recuperarte, de motivarte para emerger de esos
personajes construidos con soberbia y falta de amor propio. Ya estas listo para
introducirte en una realidad que asusta, pero es la que sacude cada membrana y
nadie se da cuenta, todos siguen aturdidos con el ruido de sus conceptos de éxito,
todos se siguen inspirando en legados que quizá han caducado, todos desentonan
al hablar de sus múltiples cualidades que son una farsa disfrazada de seres felices.
Entonces prepararas las maletas, buscaras el vuelo
adecuado, intentaras dejar mensajes por todos lados para que la huida sea menos
dolorosa, publicaras frases puntuales y terminaras con los pendientes. El domingo
iras a misa, compraras la estampita de aquel santo para resolver las causas difíciles,
comerás en la plazuela, degustaras un buen vino, escribirás un par de cartas, harás
una llamada importante, verificaras el itinerario, resolverás el idilio que se
confunde con poliamor y pedirás el taxi que te lleve al aeropuerto.
Estando en la sala de espera comenzaras aquel libro que tenías
arrumbado, el regalo de cuando cumpliste treinta y cinco, un libro que te
recuerda tus años de juventud, tus romances insípidos, tus torpezas
conductuales, algunas lágrimas aparecerán mientras esperas que el abordaje se
anuncie como si fueras el ganador de la lotería. El nerviosismo será evidente,
te morderás los labios que tantos han besado, observaras con persistencia el
equipaje de otros, moverás tus pies de forma tenaz y comenzaras a contar de manera
infinita. No quieres encontrarte a nadie conocido, te tratas de esconder poniéndote
una gorra y gafas, caes en esa acción ridícula según para pasar desapercibido,
no te despediste ni del portero del edificio, las cartas que escribiste las
dejaste en un sobre en el buzón de tu prima Carlota, ella que no es muy asidua
a revisar ese lugar y la única llamada que hiciste fue para dar indicaciones al
abogado, por si acaso no regresas.
Todo lo tienes fríamente calculado. En tres meses todos preguntaran
por ti, llegara navidad y no saldrás en la foto, extrañaran la ensalada de
manzana, habrá un lugar vacío y es ahí cuando la ausencia les hará despertar. Para
ese entonces estarás adaptándote a las garzas, serás amante de los pelicanos, gozaras
de la brisa del mar, el reventar de las olas te acompañara, sentirás esa paz
que no encontrabas en ese mundo lleno de peculiaridades absurdas y constantes. Cuando
te localicen no habrá razón para volver con esos personajes destrozados por el estrés,
rebasados por sus expectativas y peleados con la gente que dizque quieren, de
manera audaz les darás las gracias y pedirás que por favor no te busquen.
Sentirás esa libertad que tanto solicitabas en esas
noches donde no conciliabas el sueño, tendrás tiempo para depurar, sabrás de
una vez por todas que la soledad será una compañera, una aliada para terminar
una vida llena de momentos extraordinarios, el fin llegará en el lugar que has
escogido, terminaras el libro que alguna vez arrumbaste y serás paciente.
Atravesaras por un idilio que será solo contigo.
Comentarios
Publicar un comentario