Vestidos de rojo.
Los aficionados vestidos de rojo abarrotan las calles para celebrar lo que
fue una hazaña, lo que produjo el descontento de aquellos que se creen inquebrantables,
supremos e imbatibles, es una fortuna ocurra y se magnifique la derrota del que
parecía ante los ojos de millones como el favorito y a la vez tramposo.
Es una locura entender el sufrimiento de personajes que creen ciegamente en
un deporta amañado y poco competitivo, en un ambiente donde las mafias se reúnen
para estropear el crecimiento, ya hay poco margen para que los verdaderos
talentos trasciendan, los dueños de la liga sueñan con ver a la selección ganar
una copa del mundo, pero solo se la pasan buscando negocios y contactos que los
hagan apoderarse del control, de los intereses y de los halagos.
Claramente estoy cansado del fútbol y la descomposición que provoca, los insultos
que nacen por once jugadores que en mi vida sabrán quien soy, el desgaste de rivalidades
que dejan de ser importantes, de argumentos que solo rondan y envenenan, la
poca flexibilidad para reconocer la realidad y la tonta pasión con la que se
defiende un escudo que quizá este manoseado por infinidad de personas, porque ahí
hay solo dinero.
Cuando era niño solo pensaba en patear un balón, era una ilusión salir a
jugar y competir con categoría, entender el valor de las victorias, aprender de
las derrotas, festejar con singular alegría, permitir que el asfalto fuera
testigo de jugadas magistrales y darse el chance para gozar del esfuerzo físico
y mental. después uno se convierte en un aficionado más, escuchas en innumerables
ocasiones la polémica arbitral, el escándalo extra-cancha, las crisis de los
futbolistas, la fractura de los dueños, las regles a modo y el estancamiento de
una deporte que se ha convertido en un circo y medio de entretenimiento
efectivo.
Los de playeras amarillas, hoy lloran y se enfurecen, sacan su verdadera
personalidad y se pierden en su frustración, se quitan las camisetas y las
esconden, no toleran la burla y quieren que la derrota se olvide lo antes
posible, intentan bromear y filosofar, pero el intento es inútil cuando la
soberbia es su fundamento constante. Hoy mi alegría es inminente y se replica
en millones, hoy solo quiero celebrar el triunfo de aquellos aficionados que
son una marea roja y se merecen un reconocimiento que quede en la memoria de esa
muchedumbre que se siente inalcanzable.
Señoras y señores no se peleen por individuos que también son de carne y
hueso, que también son vulnerables, que tienen problemas, que en ocasiones no
quieren entrenar, que no están de acuerdo con su jefe, ellos son humanos y su
trabajo es practicar fútbol y dar resultados, pero reitero en ocasiones las
cosas no salen conforme al plan, porque así es la vida de cambiante, entonces
solo hay que disfrutar, aplaudir, gritar y emocionarse, después la vida vuelve
al ritmo habitual, la vida da revanchas, el fútbol es un espectáculo, un medio
de desahogo, una forma de salir de la realidad para soñar, es una estructura hecha
para distraer y crear debates sociales.
No era penal, no debía marcarse, debió de ser expulsión, no era para tanto,
es así como los dimes y diretes jamás se detendrán, es de esos males que parecen
necesarios para mantener la pasividad, opacidad y división. Ahí están nuevamente
calentando los asientos del estadio esperando un milagro, no fallan, siempre
consiguen entradas, siempre leales a los colores, porque saben que sus mentadas
de madre tienen remitente, esos mismos que actúan como héroes también son
verdugos.
Es un ciclo de dolor y sufrimiento que se repite una y otra vez, porque es
una prioridad para aquellos que están dormidos y que no saben de beisbol.
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