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Heridos e incomprendidos.

 

Todas esas semillas germinan en el momento indicado. Cuidas tanto de ese espacio que es un refugio de armonía y gestión, es un lugar oculto donde las tardes son eternas y valiosas, esas semillas que llevan dedicación, amor y empatía, que con mucha convicción has reservado para comprender al mundo, están ahí esperando para darte alegrías.

De repente alguien descubre ese lugar y entra a pisotear lo sembrado, hace destrozos, vandaliza con la encomienda de no dejar rastro de lo bueno, refleja su ira, arruina los cimientos de lo que parecía un sitio de paz y perseverancia, el lugar termina siendo un lodazal, ese sujeto quiere replicar su entorno y su sentir, no le importa que es lo que tenga que hacer para conseguirlo, la finalidad es acabar con los lugares felices, es parte de una pandilla que no escatima por ver caer a los que trabajan arduamente, ahí están para desequilibrar lo que va por buen camino.

Son sujetos heridos e incomprendidos, victimas de sus torpes decisiones, hombres y mujeres que son exitosos en algunos aspectos, pero que acuestas llevan un desorden interno que los consume, una acumulación de hechos sin resolver, son inestables, imprecisos, son aquellos que quieren más y más y no disfrutan lo que ya tienen, la cuestión es que van enseñando estas malas prácticas de vivir en abundancia, pero de una manera infeliz y eso es patético.

Son entes nocivos, que infectan corazones sanos, que penetran en las almas de buenas voluntades, que compran felicidad, que no tienen tiempo para platicar de cuestiones incomodas, que van por la vida peleando y quejándose, que creen que ser competitivo es ser cruel, que se ahogan cuando las cosas no salen como ellos planearon y es ahí cuando se despierta la toxicidad y no hay quien la detenga. Estamos ante lo que parece ser una guerra silenciosa de egos y conceptos ruines que se aderezan con comportamientos obsesivos y confusos.

Esos seres no dialogan imponen sus ideas de forma drástica. Es lamentable que el entorno este en crisis por seres que se creen los mandamases cuando no tienen tiempo para contemplar emociones y sentimientos, son eruditos de sus escasas formas de solucionar, no se cuestionan nada, siguen el amarillento instructivo que toda la vida les ha funcionado, se debilitan a la menor presión y confabulan escenarios que es poco probable sucedan.

Son esos sujetos que entran a los jardines secretos y los destruyen en su totalidad. Están acostumbrados al lodo, al maloliente ambiente, a la humedad que invade cada rincón, a la discusión sin final, al enojo espontaneo que sirve de escudo, a la tonta ley del hielo, a la suposición irritante, a las palabras hirientes, a las acciones unilaterales que terminan por demoler las posibilidades de momentos únicos e irrepetibles.

Se creen dueños de la razón y sostienen como pueden verdades que son endebles. Quieren figurar con tal de no perder brillo, ocultan sus dolores, sus molestias para mantenerse como una presencia digna de respeto y cero vulnerabilidad, se niegan a entender que hay cientos de maneras de ver la vida y se aferran a que sus métodos son los ideales para alcanzar los objetivos, se convierten en aquello que alguna vez criticaron y caen en una tremenda contradicción y disimulan sencillez para no ser descubiertos, son aliados de las complicaciones y piensan que son inmunes al reclamo, pero un día todo cambiara y los sujetos ambiciosos tendrán que doblar las manos y regresar a sus raíces, tendrán que reiniciar el proceso y aceptar la realidad tal y como es.

Comprenderán que la destrucción no es viable y que cuidar lo que se construye con inteligencia y responsabilidad es lo que da resultados de forma paciente y honesta, tendrán que despedirse de su disfraz de dictador y sus aires de grandeza.

 

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